Foto: Archivo/El Diario de El Paso   El nuevo Circuito de las Américas

Con carrera en Austin, regresa a EU la Fórmula 1
Jay Root
The Texas Tribune | 05-11-2012 | 00:28
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Austin, una ciudad universitaria liberal y la cede del Gobierno estatal, es quizás mejor conocida por su jovial contracultura, música en vivo y una sucesión de compañías de alta tecnología.

¿Autos veloces? No tanto.

Pero en un par de semanas, la capital del estado se convertirá en el epicentro del mundo de las carreras de autos cuando su reluciente nueva pista de $400 millones de dólares –el Circuito de las Américas– sea la anfitriona de la primera carrera de Fórmula Uno en los Estados Unidos desde el 2007.

Para los mejores conductores, como Sebastian Vettel de Alemania y Fernando Alonso de España, la carrera del próximo 18 de noviembre es la penúltima oportunidad para mejorar sus posicionamientos en el codiciado campeonato F1 —argumentablemente el premio de mayor prestigio en los deportes motorizados— En una pista que hace alarde de tener las curvas más retadoras en el mundo.

Pero para la ciudad anfitriona, será una oportunidad para probar que los súper veloces automóviles y la clientela de alta alcurnia que les sigue la pista alrededor del mundo serán bienvenidos en un poblado que hizo del travesti indigente una celebridad local, y cuya más famosa calcomanía dice: “ Keep Austin Weird” (Mantén a Austin Extraña).

“Es un nuevo nivel de vida para la ciudad de Austin”, dijo el alcalde Lee Leffingwell. “Queremos mantener lo que es bueno de Austin, pero también queremos estar abiertos a nuevas cosas”.

Los planificadores de la ciudad y los promotores de la carrera ya tienen asignado su trabajo. Tendrán todavía que trabajar en las cuestiones de último minuto sobre un proyecto que estaba asediado con demoras de construcción e incertidumbre sobre los incentivos fiscales. Temores de un monstruoso embotellamiento vehicular y quejas de parte de escépticas asociaciones de vecinos y activistas comunitarios también tienen a los organizadores de la carrera en alerta.

Se espera que unas 120,000 personas lleguen a abarrotar modernas las instalaciones para la carrera que tiene una duración de dos horas, y otras miles más asistirán a una serie de eventos secundarios, presentaciones musicales y fiestas de aficionados durante los tres días que dure el evento. Enfatizando la profunda cultura musical de la ciudad, Willie Nelson presentara un concierto en el centro de Austin el 15 de noviembre para ayudar a dar inicio al evento.

El diseño de la enredada pista de 3.4 millas se ha inspirado en algunas de las famosas sedes del F1, incluyendo el Silverstone de Inglaterra, el Interlagos de Brasil y el Parque Estambul en Turquía. La característica distintiva del circuito de la pista de las Américas, la Curva 1 ha sido comparada con el famoso anillo Red Bull de Austria —sólo que es más dificultosa. Los autos, tras varias docenas de vueltas, pueden alcanzar velocidades que exceden las 200 millas por hora.

“El tener esa pendiente tan altiva más allá del punto de inicio y final es un tanto autentico en la Fórmula Uno”, dijo Bod Varsha, presentador de muchos años del F1 para el canal Speed, el cual transmitirá la carrera de Austin. “En la base de esta pendiente se encuentra una afilada área de frenado para una orquilla izquierda, y luego se va cuesta abajo”.

El estado estima que el evento inyectará más de $200 millones de dólares a la economía de Texas, ya que los visitantes pagarán incrementadas tarifas de hotel, comprarán productos locales y llevarán a cabo fiestas exclusivas.

A diferencia de la serie NASCAR de Estados Unidos, la cual tiende a atraer a una multitud de corte laboral, Fórmula Uno ha cultivado una imagen más glamorosa e internacional. Como parte del trato de acaparar la carrera de Fórmula Uno en Austin por los próximos 10 años, el Circuito de las Américas tuvo que construir 12 espaciosos suites —conocidos como Paddock Club— donde los mecenas pagarán más de $4,000 dólares cada uno para ver la carrera mientras consumen champaña y hors d’ oeuvres.

Compañías de contrato de helicópteros esperan hacer un gran negocio transportando a los asistentes hacia adentro y fuera de la pista. La cual cuenta con seis plataformas de aterrizaje.

“No quieren quedarse atorados en el tráfico, y pueden pagar por el boleto para entrar y salir”, dijo Randy Riggs, propietario de Austin Helicopter Tours. La tarifa por el viaje redondo, que dura alrededor de 10 minutos en el aire, es de $545 dólares.

Los propietarios de viviendas, ansiosos por hacer negocio no han tenido tanto éxito. Promociónales para casas en renta hasta de $6,000 dólares la noche —algunas con hangares para aviones y plataformas de aterrizaje para helicópteros— no han recibido respuesta, pero los aficionados están reservando sitios para casas de remolque en austinracerentals.com, la cual atiende a los visitantes de F1.

“En este momento los más baratos son los que se rentan más rápido”, dijo Denielle Crespo, quien es dueño del sitio Web. “Creo que hubo un mal entendido que decía que no iba a ver habitaciones de hotel disponibles, donde todos estarían tomando champaña y comiendo caviar en el desayuno. Ese no es el caso”.

La carrera marcará el final de una larga travesía para volver a presentar la Fórmula Uno a los Estados Unidos. Mientras es popular a nivel mundial, la exclusiva serie de carreras ha sido eclipsada en los Estados Unidos por NASCAR. La última carrera de F1 en el país fue en el 2007 en el Indianapolis Motor Speedway.

Ansioso de volver al lucrativo mercado estadounidense, Bernie Ecclestone, el jefe de Fórmula Uno, firmó un trato en el 2010 para traer F1 a Austin a la primera pista norteamericana especialmente construida para autos de carreras de Fórmula Uno.

Pero una serie de contratiempos casi la descarrilan. Las negociaciones de contratos se pospusieron más de lo esperado, amargas riñas legales causaron demoras en la construcción y la contralor estatal, Susan Combs, canceló un compromiso hecho en mayo del 2010 a otorgar a un contribuyente un subsidio con un valor de $250 millones de dólares por más de 10 años.

Como resultado de esto, ninguna entidad local había firmado el trato tal y como lo requería la ley de Texas. Y una vez que el ayuntamiento de la ciudad examinara los particulares, los miembros se opusieron a pagar la contribución de $4 millones de dólares a la ciudad, un monto equivalente a los ingresos de impuestos que se espera que los visitantes de otros lugares al F1 lleguen a generar.

Activistas del Partido del Té y legisladores tampoco les gustó el trato de subsidio y han prometido pelear contra semejantes incentivos fiscales —junto con una pila de otros más— cuando el Legislativo se vuelva a reunir en enero.

Por el momento, al menos para la primera carrera, los propietarios de la pista F1 se han hecho cargo de la contribución de $4 millones de dólares que se suponía que la ciudad debía proporcionar y ahora esperan obtener el incentivo fiscal estimado en $25 millones de dólares a la manera antigua —luego que el primer evento se lleve a cabo, el impacto económico es medido. Es el mismo proceso que el estado ha utilizado cuando se llevó a cabo el torneo de basketball colegial de la NCAA y el Supertazón en Texas. (Jay Root/The Texas Tribune)