Foto: Tomada de Internet   Karina Montes, habitante de Tecalipec, emplea el líquido

Suplen con la lluvia el servicio de agua potable
Inés Santaeulalia
El País | 22-09-2012 | 21:31
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Distrito Federal— En la Ciudad de México llueve todo el verano. Tanto, que de junio a septiembre se celebra la tarde en la que el cielo no se pone negro en minutos para descargar sobre la ciudad una tormenta. El agua anega el asfalto, inunda las calles y borbotea en los sumideros antes de desaparecer. Llega tan rápido como se va, salvo en un puñado de casas de tejados de zinc, los techos de las mil familias que ya viven de la lluvia.

Donde el DF ya no parece el DF y el asfalto se transforma en una alfombra verde está Tecalipec, en la Delegación de Xochimilco. No hay una mujer en el poblado que no conozca a Daniel Vargas, mexicano aunque con acento y aspecto yanqui. A Tecalipec, encaramado sobre un cerro, no llega el suministro de agua, pero es el último lugar en el que Vargas y sus socios han implantado su proyecto. Un sistema de captación y filtración de lluvia que permite a las familias recolectar cada año el agua necesaria para abastecerse durante seis meses.

Hasta que Isla Urbana, como se llama el proyecto, se fijó en este lugar.

Sus cien familias vivían de los 20 litros de agua diarios per cápita que un camión cisterna descargaba un par de veces a la semana en unos barriles apilados a ambos lados del camino de tierra.

“La ONU recomienda 50 litros por persona al día, ellos estaban al nivel de muchos países de África y, aunque su problema no es tanto el de tener agua para beber, sí es un problema de higiene”, explica Daniel Vargas.

Criado en Estados Unidos, el emprendedor volvió a México hace tres años para recuperar sus raíces, con la idea de viajar. Acababa de presentar su tesis sobre la filtración de agua de lluvia en la Universidad de Pensilvania y la realidad del precario suministro del DF le hizo cambiar de planes y ponerse manos a la obra. Actualmente Isla Urbana ha instalado el sistema a 930 familias en distintos barrios de la ciudad.

El día que Vargas recaló en Tecalipec todas las mujeres del poblado acudieron a la llamada de la campana de la iglesia, un edificio improvisado de ladrillos que los habitantes construyeron con sus manos. “Aquí no se regala nada”, fue la primera frase que les dijo. Cada familia que apuesta por instalar el sistema tiene que pagar el 10 por ciento del total, unos 800 pesos. “Es la manera de que lo valoren”, explica Vargas. El resto del dinero viene de becas que consigue la empresa o de las mismas delegaciones del Distrito Federal.

Vargas y sus socios defienden que el sistema es escalable a toda la ciudad, a toda la República e incluso a otros países de América Latina. El funcionamiento es sencillo. Un tejado que dirige la lluvia hacia un gran bidón y dos filtros, uno que permite que el agua sirva para lavar la ropa, ducharse o fregar, y otro a través de un sistema de luz ultravioleta que convierte la lluvia en agua potable.

La Ciudad de México tiene graves problemas de abastecimiento de agua. Isla Urbana ha contabilizado que “uno de cada tres personas en la ciudad viven por tandeo” (sistema de suministro de agua solo por unas horas al día). El 70 por ciento del agua que se utiliza en el DF viene del acuífero del valle de México, que se está sobreexplotando de tal forma que se hunde un metro cada 10 años.

Aunque hasta ahora el éxito de Isla Urbana radica en abastecer las zonas donde el suministro no llega, a las colonias más marginadas de la gran urbe, Vargas ya imagina un skyline del DF lleno de sistemas de recolección de lluvia. (Inés Santaeulalia/El País)