“El optimismo no es una manera de ver, es una manera de hacer.”Antonio J. Bermúdez.
En una charla informal, abordábamos el tema del desarrollo de Nuevo casas Grandes, y por ende de la región. Me preguntaba uno de los charlantes, por qué no detonaba esta región, que si cuáles eran los escollos para mejorar el posicionamiento de la ciudad, y por ende, contar con una población con mejores estándares de calidad de vida.
Recientemente sometí a una institución de educación superior un proyecto, en el abordaba algunos de esos aspectos, pero ahí permanece en el limbo, creo, les comenté, que ya no hubo apoyo para publicar algo que se venga a sumar al proyecto de desarrollo regional. Les comentaba a los dilectos acompañantes, seguimos dando tumbos, gobiernos van y vienen, cámaras empresariales van y vienen, las instituciones de educación superior están fuera de la temática, abordando cosas fuera del contexto, y con el único afán de presentar chamba, hasta ahí. Sin rumbo no hay progreso.
Por eso cito las palabras de Don Antonio J. Bermúdez, reconozco su ser polémico, pero con una idea fija: Se tenía que hacer algo por dotar a la gente de empleo, que le permitiera vivir con mejores condiciones, que le permitiera educar y formar a sus hijos en el espíritu del nacionalismo decía, de nacionalismo no de fanatismo. Había de entrada, ver de dónde venimos, de qué hemos vivido, de qué podemos vivir, qué teníamos, qué tenemos, qué podemos tener. Esto último lo dice quien escribe estas líneas.
Les señalaba a mis amigos, hay que retomar esa lógica, hay que ir a lo que nos da fortaleza y a lo que nos permita aprovechar las nuevas oportunidades que surgen en esta globalización mal entendida. Es en ese sentido, que debemos rescatar lo nuestro, desandar el camino para volver a la senda de la que nos aparatamos, o que nos apartaron en aras de una mal interpretada modernización.
Les comentaba a mis amigos, cómo nos habíamos desarrollado nosotros: Primero como familia, y luego cómo muchas familias habían logrado generar hijos con la cultura del trabajo y del esfuerzo. Es cierto, había muchas carencias, la gente vivía hacinada en vecindades, la gente por lo general era analfabeta, pero teníamos unas fuentes de trabajo, con una infraestructura y un desarrollo tecnológico, que guardadas las proporciones, estaban mejor equipadas que las empresas actuales. Cuestión les dije, de revisar a todas las empresas anteriores y contrastarlas con las actuales, únicamente en el aspecto de tecnología, por no entrar en otros detalles. Nos quedaríamos enanos. Había crecimiento, pero no acceso al desarrollo, pero de ello nos ocuparemos en otra ocasión.
Había en esta región una composición de inversiones tales, que no se podía nadie dar el lujo de distraerse en experimentos que lo apartaran de su origen, y de la identidad regional, sin que pusiera en riesgo a la misma empresa. Hay de sobra ejemplos de gente que lo perdió todo, por
haber pretendido cambios que nada tenían que ver con las condiciones y las características de la región. Nada es estático, pero la dinámica empresarial y productiva mal entendida y mal aplicada, puede llevar a fracasos tras fracasos. Es en esta tesitura en la que ha caído Nuevo Casas Grandes y su región. Estancamiento, sino es que retroceso, es lo que nos ha caracterizado.
Para terminar, les comentaba a nuestros interlocutores, de los que estamos aquí, creo que nuestros padres siempre nos consiguieron empleo, ya sea con sus patrones o con compañeros de sus círculo de amigos, o ya sea por las relaciones, con las diferentes instancias y organismos públicos y privados. Nos decían, anda ve con Don Raúl, dile que vas por el trabajo que me dijo, o algo como esto: están ocupando en la Empresa de los Blanco, anda y si te gusta te quedas, ve con Don Manuel te va a ocupar por un tiempo, O por otro lado, sabes que vamos a poner un negocio de tortillas, y tu puedes ir a repartir el pedido después de que salgas de la escuela, etc., muchos ejemplos, que hoy muy difícilmente sucedan en las relaciones familiares. La famosa competitividad nos convirtió en rivales, en ver se ser amigos, la eficacia y la eficiencia, echaron por la borda las relaciones interfamiliares, porque el acceso al empleo ahora se da a través de las componendas y del poder.
Poco a poco se fueron diluyendo las empresas, las actividades económicas fueron suplantadas por modelos fuera de nuestra realidad y de nuestro contexto, poco a poco fueron desmantelándose las fortalezas que nos daban identidad y cultura, alguien había trastocado la vocación por los convencionalismos sociales. Adiós a lo nuestro y adiós al rostro de una región productiva y con futuro. Hoy asistimos al modelo de implantes forzosos, que generan rechazo del cuerpo social. De ahí nuestro atraso y nuestra dependencia como economía que poco aporta a la riqueza, y al la calidad de vida de sus habitantes. Tenemos una gran tarea pendiente, cada quien desde su trinchera, o desde su posición en la sociedad.