A través de un estudio realizado por la Universidad Tecnológica de México, se estimó que por cada “nini” (adolescente que no estudia ni trabaja) se deja de producir o ganar un millón 730 mil pesos en un periodo de 30 años.
Incluso, si atrasa sólo un año el comienzo de sus estudios profesionales, “perderá” en promedio 96 mil 500 pesos que pudo ganar una vez titulado, se establece en el reporte obtenido por El Diario.
Sin embargo, ese dato parece no estar registrado en la mente de los jóvenes que dejan de lado sus estudios y que, por ende, no pueden encontrar un buen trabajo.
Así, miles de adolescentes juarenses desconocen el futuro que les aguarda bajo esa circunstancia; por ahora, el no contar con prestaciones médicas o algún fondo de ahorro, no les genera mayores preocupaciones.
“No me gustó la escuela, ahorita ando buscando trabajo y tal vez consiga en una panadería, ahí no me piden nada”, replicó José Luis, de 17 años, quien ayer deambulaba en compañía de sus amigos por el mercado del fraccionamiento Cerrada del Parque.
Según la Encuesta Nacional de la Juventud 2010, realizada por la Secretaría de Educación Pública (SEP), en Chihuahua el 21.4 por ciento de los jóvenes de 12 a 29 años no estudia ni trabaja.
De los “ninis”, el 26.6 por ciento no concluyó el nivel básico de educación, el 43.8 terminó el básico e incursionó en el nivel medio superior, pero lo dejó inconcluso, establece la Encuesta.
‘No creen que les afecte dejar la escuela y el futuro no les importa’
El 18.6 por ciento concluyó el nivel medio superior, el 11 aprobó algún grado de educación superior o incluso concluyó sus estudios en ese nivel.
José Luis es uno de los que truncaron sus estudios, luego de que abandonó la secundaria cuando cursaba el segundo grado, hace ya tres años.
“No avise a nadie que ya no iba a ir a la escuela, sólo dejé de ir ya luego en mi casa se dieron cuenta, pero hasta ahorita no me ha afectado en nada”, menciona.
Aunque asegura que en ocasiones ocupa su tiempo en empleos temporales como auxiliar en locales informales, lo que le permite deambular en compañía de sus amigos.
La Encuesta Nacional de la Juventud 2010 establece que entre las causas asociadas a este fenómeno está la marginación en el 25 por ciento de los casos y los relacionados con familias que viven con algún nivel de pobreza.
Otra de las razones para abandonar la escuela es sufrir presiones económicas, contar con acceso limitado a la estructura de oportunidades o limitar sus oportunidades preponderantemente por decisiones en el curso de vida, tales como el embarazo o el inicio de la vida en pareja.
Roberto, un menor de 16 años que hace poco abandonó sus estudios en la secundaria, justo cuando estaba por terminar, entra en una de esas categorías.
“Ya no había dinero para la escuela y necesitaba conseguir un trabajo, pero hasta ahorita no me han dado nada, así que me queda tiempo para salir a pasear con los amigos”, dice.
Vive en el presente, sin pensar qué es lo que ocurrirá en el futuro, desconoce las consecuencias de interrumpir sus estudios o algún empleo, pues todavía tiene “chance” para establecer lo que hará.
“De rato vemos qué pasa, estamos descansando un rato y ya luego buscamos algo, porque tampoco esperamos quedarnos toda la vida así, esto sólo es por un rato”, agrega.
El estudio realizado por la Universidad Tecnológica de México establece que miles que terminaron la preparatoria postergan su ingreso a la universidad porque no lograron un lugar en una institución pública de educación superior, o simplemente porque quieren tomar un periodo sabático.
La mayor parte de ellos se convierte en “nini”, en uno de los 7.8 millones de jóvenes menores de 30 años que, según datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), ni estudia ni trabaja.
Sobre el fenómeno, personal de la Unitec México realizó un ejercicio de las implicaciones que enfrentan los adolescentes al quedarse un año sin estudiar, con el objetivo de informar sobre la importancia que para su futuro tiene estudiar una carrera universitaria, así como las graves consecuencias económicas que esto tiene a largo plazo.
De acuerdo a la proyección realizada por personal de esa institución, la decisión de interrumpir los estudios, puede llegar a representar una pérdida aproximada de hasta un millón 730 mil pesos en los próximos 30 años de la vida profesional de una persona.
Si los estudiantes toman un año sabático, representa comenzar a trabajar un año después, lo implica una pérdida aproximada de 96 mil 500 pesos.
En México, la proporción de los jóvenes de entre 15 y 29 años que no estudian ni trabajan es del 15 por ciento, índice por arriba del promedio de los países de América Latina, que es de 13, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
La situación no sólo tiene un costo económico, sino que puede a llegar a tener costos más grandes en términos de proyecto de vida, se indica.
Además de las pérdidas económicas, el dejar de estudiar puede significar la pérdida de ritmo y continuidad; además de que los jóvenes pierden los hábitos y costumbres que la vida académica otorga, también pierden la oportunidad de mantenerse actualizados en un mundo, como en el que vivimos actualmente, donde el cambio es una constante y la evolución para entenderla se tiene que vivir.
Enfrentan también una desventaja competitiva a la hora de buscar insertarse en el mundo laboral, incluso el tiempo que una persona deja de estudiar, impacta directamente en el rango de su vida útil laboral.
Además, no estudiar ni trabajar provoca depresión, desánimo y ansiedad; entre más tiempo dure una persona en esta condición, los efectos serán más profundos y cada vez resultará más difícil que continué sus estudios profesionales.