La mañana de un miércoles de 1991 Natalia Savchenko, hasta donde ella sabía, era una ciudadana de la Unión Soviética que se encontraba en México ofreciendo un curso sobre la lengua rusa. Pero al caer la tarde, Savchenko ya no era de ninguna parte, se había convertido en una de las miles de personas sin nacionalidad.
El 21 de agosto de 1991, Savchen-ko se encontraba en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) saliendo de impartir un simposium y pensando en su viaje de regreso a la Unión Soviética. Una llamada llegó de pronto y la voz de una mujer, en su idioma natal, le pedía que se sentara y tomara aire: La invencible Unión Soviética finalmente se había disuelto y Letonia había ganado su independencia.
“Si quieres quédate allá, no tienes a dónde regresar. Estamos todos en la calle y no sabemos qué hacer”, decía la voz de quien era su jefa en el Instituto de Aviación Civil de la Unión Soviética, donde trabajaba como profesora del idioma ruso.
“Aseguré mi trabajo y una extensión de la visa de trabajo en México y regresé a Letonia. Tenía que ver la caída de la gran potencia porque no podía creerlo”, cuenta Savchenko entornando los ojos mientras sostiene una fotografía de aquel viaje a México.
En aquel año los vuelos internacionales solo llegaban al Aeropuerto Internacional de Moscú y de ahí, Savchenko viajaría en tren a Letonia, donde vivían sus padres.
Pero al ingresar al aeropuerto los problemas comenzaron. “El país desde el que fue expedido su pasaporte (Unión Soviética) ya no existe”, le dijo un oficial. Por “pura suerte”, como se expresa la rusa, su padre, un ex general fue a buscarla.
“Le expliqué al joven soldado que mi padre estaba ahí y que había sido un soldado ruso y ahora nos decían ocupantes. Se sorprendió de que a un general lo hayan tratado como ocupante y gritó: malditos cerdos. Y me dejó pasar”.
El viaje de regreso a su ciudad de residencia fue en tren. Savchenka pensaba que al llegar ahí tendría el mismo problema, ya que su pasaporte era de Letonia pero con sello de la Unión Soviética. Es decir, era de un país ahora independiente con sello de uno inexistente.
El truco
Savchenka tenía que inventarse algo de inmediato. Los soldados que tenían rodeada a Letonia le permitieron entrar al –nuevo- país con la condición de que tramitara su nuevo pasaporte. Pero esto le tomaría más de 6 meses. “¡Yo no tenía 6 meses! Era demasiado tiempo y yo tenía que regresar a México”, explica.
Su mejor idea fue ir al mercado por un puñado de jitomates y dirigirse a la estación policial más cercana. “Me robaron el pasaporte en el mercado”, se excusó Savchenka para casi de inmediato recibir un nuevo pasaporte expedido por Letonia independiente. Con esta adquisición finalmente salió nuevamente del aeropuerto de Moscú y regresó a México, a donde ingresó con el antiguo pasaporte de la Unión Soviética.
Una vida
“En México volví a nacer…dos veces”, dice Savchenka. “La primera por la experiencia de aprender toda una nueva cultura y la segunda por un cáncer de pulmón”.
Al poco tiempo de llegar, los médicos le diagnosticaron cáncer de pulmón. El día en que le avisaron, le dieron también su sentencia de muerte: “esta misma tarde te puedes morir”.
Savchenka muestra una radiografía del tumor cancerígeno que casi la mata. En la imagen se observa una mancha que va desde el pecho hasta la espalda. El tumor ocupaba casi el total de su caja toráxica. Finalmente sobrevivió gracias al tratamiento.
“La vida en México me enseñó a valorar el sistema socialista de educación. Sin él no hubiera sobrevivido ante las adversidades”, cuenta Savchenka.
“En mi estancia en México conocí a un estadounidense con el que al final me casé, a pesar de que primero le dije que no. Él era mi alumno y ahora es mi esposo”, dice.
Ahora la ruso-mexicana es residente de El Paso.