A unos días del nuevo arranque del ciclo escolar 2012-2013, autoridades educativas dieron a conocer que al menos tres de cada 10 estudiantes de educación primaria, secundaria y bachillerato en esta ciudad son víctimas de agresiones sistemáticas de manera recurrente, acoso conocido como bullying.
De acuerdo con el maestro Juan Abelardo Rodulfo Gocobachi, integrante del Centro de Actualización Magisterial de Juárez e impulsor de la Red Antibullying, creada en Ciudad Juárez desde 2009 con apoyo del Centro Nacional para la Prevención de Accidentes (Cenepra), los alumnos reciben estas agresiones de manera verbal, física, sexual e incluso cibernética, y la mayor parte son padecidas dentro o alrededor de las instituciones educativas.
Lo peor, indica el maestro, es que estos ataques orillan a quienes los reciben a pensar en el suicidio.
Los patios y sanitarios son los sitios más comunes donde se registra el bullying.
Este tipo de acoso escolar se replica más en planteles de estudiantes de clase media, de acuerdo con los resultados de informes elaborados a través del programa Escuela Segura, creado por los Servicios Educativos del Estado de Chihuahua (SEECh).
Quizá el factor más grave de este fenómeno, menciona Rodulfo Gocobachi, es que a pesar de que el bullying es el problema más generalizado entre los estudiantes de primaria, secundaria y bachillerato, la estructura institucional resulta insuficiente para la labor preventiva y la atención a las víctimas y agresores que deben recibir asistencia sicológica, médica y legal.
“Miguel” es un estudiante de 11 años que acude a una primaria local, quien solicita el anonimato para evitar represalias, y que sufre a diario el bullying de parte de un compañero que antes fue su amigo, y que cada día se pregunta cómo resolver su problema, porque ni su maestra ni el director del plantel han hecho algo para solucionarlo.
Especialistas indican que los programas que existen son aislados y las instituciones educativas y gubernamentales trabajan desarticuladas, sin un objetivo común y a largo plazo.
Además, un factor que inhibe la intervención del maestro, principal responsable de los jóvenes frente a grupo, es el miedo a represalias.
Tortura diaria
“Cuando entré a quinto grado, José y yo éramos amigos. Luego, cuando la maestra nos dijo que estaba embarazada, él empezó a molestarme. Me pega, no ha parado, y va el director pero nada le dicen. Le digo a la maestra pero tampoco hace nada, ella me pide que me defienda, ‘que no sea chillón’”, plantea “Miguel”, el estudiante de 11 años.
“¿Y si me defiendo y a mí me expulsan?”, cuestiona el pequeño.
El temor a las agresiones que sufre a manos de quien fue su amigo, le impidió asistir un día a la escuela. Fue entonces cuando su madre habló con él y “Miguel” se atrevió a “contar la verdad”.
El menor entiende que es víctima de bullying. En su salón, los agentes de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, a través del área de Prevención Social, abordaron el tema y él concluyó que padece un acoso escolar.
También comprende que no está en sus manos resolver el problema y, a decir de él, tampoco en manos de su maestra, sometida a la voluntad del menor agresor, ni del director que hasta ahora no atiende a fondo la situación que padecen ambos niños en proceso de formación.
La madre habló con el director, planteó las agresiones que padece su hijo y le pidió incluso una cita con los padres del otro niño pero ésta no fue atendida.
Como respuesta, la madre obtuvo la promesa de que si las cosas no se “arreglan”, cambiarían a su hijo de turno.
Mientras tanto, la hora del recreo sigue siendo para “Miguel” una verdadera tortura.
Escuelas, escenarios de delitos
Los centros educativos son ahora espacios en donde niños y jóvenes llevan armas escondidas, venden y consumen drogas, principalmente de las llamadas sintéticas, se roba y se agrede verbal, simbólica y físicamente, se grafitea y se pertenece a pandillas del barrio, resume el maestro Juan Abelardo Rodulfo Gocobachi.
El impulsor de la Red Antibullying en Juárez, sostiene que el uso de la fuerza, la amenaza, el autoritarismo, la falta de respeto a las reglas, está generando una cultura desde temprana edad que tiene que ver con la corrupción, fenómeno que se ha convertido en parte de la vida cotidiana.
“Del juego inocente hemos pasado a un ejercicio que amenaza y socava la vida institucional. Lo anterior se traduce en ausencia de credibilidad en quienes procuran y administran justicia. La sociedad, por ende, muestra una actitud apática, de simulación, de temor y de incertidumbre”, refiere.
Afirma que son miles los alumnos que viven en condiciones de violencia de todo tipo, lo que trae como consecuencia la reprobación, la deserción y el maltrato infantil.
Informes destacan que los niños y jóvenes están siendo cada vez más desatendidos por sus padres, por sus maestros y por las políticas públicas.
Enfrentan un largo listado de problemáticas relacionadas con vacíos existenciales, violencia intrafamiliar, pandillerismo, ansiedad, depresión, suicidio, bulimia, anorexia, obesidad, abusos sexuales, embarazos no deseados, déficit de atención, autismo, hedonismo, estrés, conformismo, cultura de la marca, presión social, presión escolar, adiciones a drogas legales e ilegales, tabaquismo y alcoholismo, entre otros.
Lleva a tendencias suicidas
Para el criminólogo Adán Herrera, del grupo de Atención en Prevención del Delito, perteneciente a la Unidad de Investigación de Delitos de Alto Impacto, creado por la Fiscalía General del Estado, el acoso escolar y otros problemas por los que pasan los estudiantes es una situación de muy alto riesgo.
Este equipo recién descubrió un salón con 11 alumnos con tendencias suicidas.
“El decir 11 casos fue muy alarmante incluso para nosotros. Lo que vimos ahí era un suicidio colectivo. Eso es lo que tenemos que entender, que cuando existe un problema es como la manzana podrida, se nos hace colectivo”, expresa.
La solución inmediata fue convocar a los padres para alertarlos de la situación y muchos opinaron que sus hijos exageraban, hubo quienes mostraron desinterés.
–¿Minimizan los padres las situaciones que sus hijos denuncian?
“En algunos casos sí, pero si los padres dicen que no, nosotros cumplimos con darles la primera alerta. Los problemas surgen también por la falta de comunicación. Los jóvenes están demandando más horas de atención hacia ellos”.
–¿Hay seguimiento institucional, una vez detectados estos casos?
“Sí, estamos trabajando con Pro-Víctima, Unidad de Atención a Víctimas, y estamos buscando apoyo de la UACJ y la Escuela Superior de Sicología para que nos apoyen con los niños”.
–¿Cuántas escuelas han atendido?
“Cerca de 3 mil 500 alumnos de 30 escuelas aproximadamente. No nos damos abasto, estos casos son canalizados a través de Escuela Segura que atiende los casos urgentes que detectan los directores. Ahí vamos nosotros, empezamos en junio de 2011”.
El profesor Rodulfo Gocobachi menciona que la Red Antibullying trabaja únicamente en 60 escuelas secundarias federales y técnicas.
David González Mocken, titular de los Servicios Educativos en la Zona Norte, expone que hay un programa de atención al bullying diseñado a nivel nacional a través de Escuela Segura.
“El caso de Escuela Segura es un programa donde hay un equipo que está recibiendo información por escuelas y cuando hay manifestación de un director que dice que tiene un problema que no ha podido controlar, o que tiene que hablar con un padre de familia o suspender a un alumno porque lo encontramos otras actividades, ahí entran ellos”, explica.
“El equipo de Escuela Segura toma el caso y toma decisiones más drásticas, que siempre terminan en una suspensión provisional o definitiva de algún estudiante o de un grupo de estudiantes que tengan ese comportamiento”, agrega.
Tan sólo el pasado ciclo escolar fueron suspendidos de 100 a 150 muchachos de secundaria, principalmente.
“En Bachilleres les están dando otro tipo de tratamiento, los alumnos agresores son suspendidos y luego reincorporados a una serie de sesiones terapéuticas que les exigen”, dice González Mocken.
La criminalización del bullying es un punto de desacuerdo con la Red por la Infancia de Juárez, organización que ha pugnado por la creación de la Ley de Protección a la Infancia, donde se determinen las acciones tendientes a la seguridad de los niños y jóvenes.
Anteriormente esta Red se pronunció contra la exposición de los menores a penalidades altas por delitos como extorsión contra sus propios compañeros, al considerar que actuaron por imitación a los adultos.
Miedo y ciberbullying
Una realidad que Ciudad Juárez enfrenta es la violencia generalizada y sus consecuencias, por lo que aquí, muchos maestros optan por soportar a un niño agresor por evitar una confrontación con el alumno o sus padres.
Hijos de políticos, sicarios, policías y funcionarios, son quienes tienden a amenazar con tomar represalias.
“Una directora nos contó que en la tienda se encontró a dos ex alumnos y ambos la saludaron. Los muchachitos al despedirse le dijeron abiertamente que eran sicarios y que ‘estaban a la orden’. Eso impactó mucho a la maestra”, narra el criminólogo Adán Herrera.
Otro directivo fue identificado por un ex alumno segundos antes de cometerle un carjaking. El alumno fue al día siguiente a la escuela a pedirle disculpas al profesor.
“Si no hubiera sido por el reflejo de la luz y que el menor identificó al maestro, le hubiera disparado para quitarle el vehículo, ahí mismo lo habría matado”, narra un funcionario de escuelas secundarias.
Una directora tiene una denuncia por acoso. La interpuso el padre del menor cuando la maestra intentó apoyar al estudiante que enfrentaba problemas en su casa, expone Herrera.
Es por ello que los problemas que rebasan a los maestros son atendidos por Escuela Segura y de ahí entra el grupo de Alto Impacto.
Cuando ya caen en lo penal, que afortunadamente no son muchos casos, deben ser atendidos por las instituciones correspondientes, dice David González Mocken, jefe de los Seech.
“El año pasado encontramos a una niña que traía una punta y con esa punta logró extorsionar a sus compañeras y hasta lastimarlas, entonces eso ya rebasa el ámbito de la disciplina y la corrección administrativa institucional y entra al plano de la competencia penal”, abunda.
El criminólogo Herrera plantea que la sociedad “tiene la percepción de que entre más marginado sea el lugar, más problemática puede ser la escuela y se registran más casos de bullying, porque la gente es pobre e ignorante. Eso no es cierto”.
Recientemente, su grupo estuvo trabajando en dos zonas escolares, con diferente nivel socioeconómico y su sorpresa fue mayor al percatarse de que los menores más afectados sufrían a causa del llamado ciberbullying.
“El problema de bullying en esa escuela de clase media era muy alto y más que nada detectamos la desatención de los padres hacia sus hijos. Nos quedamos afuera de la escuela a ver a los padres y vimos a mujeres muy guapas, muy maquilladas, en buenos autos, pero que no se daban cuenta de la situación emocional por la que atraviesan sus hijos”, dijo otra integrante del grupo preventivo.
“Los niños a gritos estaban pidiendo auxilio, hablaron de que ‘mi papá no me atiende’, ‘no está con nosotros’ y las señoras muy indiferentes con sus hijos y detectamos que ahí, aparte del bullying presencial que sufren en los salones de clase, viven el ciberbullying, porque los niños tienen alcance a mayor tecnología”, abunda.
“Esa es la primera escuela en la que detectamos este problema y que además en la casa son víctimas de bullying por sus hermanos. Nosotros consideramos grave la situación y hablamos con la directora y ella nos dijo que no se puede meter tanto porque tiene una denuncia por acoso por parte de un padre de familia porque intentó apoyar a un niño y al padre no le pareció y la denunció”, explica la entrevistada.
Para González Mocken, la llamada ‘Generación net”, puede hacer mucho más daño al menor que la agresión física, advierte el funcionario.
En busca de soluciones
La articulación institucional es considerada como la mejor opción para la atención de este problema en los planteles.
El maestro Abelardo Rodulfo Gocobachi propone la interacción institucional inmediata, además de que en las aulas donde se privilegian los saberes cognitivos y procedimentales, se involucren otros factores de peso en la formación de los estudiantes.
“La educación para la paz, la convivencia ciudadana y el reconocimiento a los derechos humanos, deben incluirse. Es urgente que la educación actual enseñe y se conecte con la vida social”, dice.
Es necesario favorecer y crear en las aulas y en las escuelas ambientes de aprendizaje donde se viva cotidianamente la justicia, la equidad, la calidez humana, la calidad y la excelencia académica, plantea.
Para el maestro, lo urgente es comprender el problema del bullying, conocer sus causas y consecuencias, escolares, sociales y sicológicas.
La urgencia es compartida por los integrantes del grupo creado por la Fiscalía General del Estado.
Para los agentes investigadores, más que una plática es importante trabajar de manera preventiva como autoridad.
“Porque ya establecimos y comprobamos que algunos casos de bullying ya se convirtieron en delito, como los muchachitos que a manera de juego empezaron a extorsionar a sus compañeros”, recuerda el criminólogo Adán Herrera.
El caso ocurrió el ya pasado año escolar y fueron varios los menores involucrados en probables extorsiones, por lo que fueron sujetos a proceso penal.
Actualmente trabajan en cursos de formación básica antibullying, que buscan desarrollar habilidades para la vida en el alumno, equipándolos con lo necesario para construir proyectos de vida integral.
En este programa participan la UACJ, la SEP, SSA, Cenepra y el Centro de Actualización Magisterial de Juárez, y está abierto al público en general. Todos los interesados pueden solicitar información al correo electrónico rodulfojuan67@gmail.com.
Las escuelas que deseen atención por parte del grupo de Prevención del Delito pueden comunicarse al teléfono 629 19 00, extensión 50717, o bien en la página de Facebook del Grupo de Atención en Prevención del Delito, o al correo electrónico g.a.p.delito_fge@hotmail.com. (Luz del Carmen Sosa/El Diario)