Ser testigo obligado de una ejecución y haber sido víctima de asaltos en cerca de 50 ocasiones durante los últimos 18 meses, no le han impedido seguir atendiendo su tienda de abarrotes y depósito de cerveza que por años ha sido el sustento de su familia.
Pese a tener más de 70 años, el hombre se siente fuerte y narra cómo ha tenido que enfrentar los tiempos difíciles para su actividad comercial, con los aumentos de precios en la mercancía y la inseguridad, que lo obliga a pagar una cuota semanal a un grupo delictivo local.
Se trata de Don Luis –nombre ficticio para protección del entrevistado– quien por años ha estado al frente de la tienda denominada Abarrotes, ubicada en la calle Platino, de la colonia Zacatecas, donde además tiene su vivienda.
Sentado en su silla, frente a la caja registradora, Don Luis atiende con una sonrisa a los clientes mientras contesta las preguntas que se le hacen en torno a su experiencia en los últimos cuatro años.
“El año pasado me asaltaron 37 veces”, dice mientras se acomoda para continuar con la charla.
“Este año han sido pocas, creo que unas 10, pero nada significativo, los chavos (asaltantes) vienen por dinero y cerveza y lo único que hago es dejarlos que se las lleven”, aseguró.
Padre de seis hijos, mayores todos, entre ellos dos maestros reconocidos en la ciudad, Don Luis junto con su esposa crearon un negocio familiar desde hace más de 30 años, que creció tanto al grado de permitirles instalar después un depósito de cerveza y un local de hamburguesas, al que acuden cientos de personas diariamente.
Elevando la mirada, el comerciante recuerda que de todas las veces que lo han robado, únicamente en dos ocasiones sintió la muerte cerca.
Una de ellas fue en febrero del 2011, cuando dos “chavalos” llegaron al negocio y uno de ellos llevaba una pistola y se la colocó en la cabeza.
“Tranquilízate muchacho, llévate lo que quieras pero no me hagas daño” recuerda que le dijo al ver que el ladrón temblaba mucho y estaba demasiado nervioso.
En la segunda, tratando de provocar un clima agradable para los asaltantes, Don Luis intentó bromear con uno de los asaltantes y hasta le propuso que le vendiera la pistola escuadra plateada que llevaba para realizar el robo.
“Que bonita pistola, véndemela”, asegura que le dijo, pero el ladrón se molestó y le apuntó directamente al rostro para advertirle que no estaba jugando. Las demás ocasiones, las considera como robos normales que ocurren por necesidad, o las ganas de sentirse valientes, por parte de los delincuentes, explicó.
Dos empleados que tiene, comentan que para ellos ha sido difícil estar en cada uno de los atracos cometidos en contra de la negociación.
Prefieren callar y dejar que el adulto mayor cuente cómo ha sobrevivido los últimos 18 meses, a situaciones adversas que no lo hacen rendirse como otros comerciantes que han optado por cerrar sus puertas.
El comerciante dijo que tiene más confianza en otros delincuentes que le cobran la “cuota” cada semana, que en los agentes de la policía que deberían andar cerca de su negocio para vigilar.
“Los que cobran la ‘cotorra’ no permiten que otros ‘malandrillos’ vengan a robar, ellos me dieron un número de teléfono para denunciar a quien venga a molestarme y una sola vez les hablé para que me corrieran a dos sujetos y sí lo hicieron”, aseguró.
Por eso dice tener confianza en los “cobracuotas” ya que lo que le piden es poco (500 pesos) por semana, a comparación con la ganancia que obtiene de su negocio.
“¿Denunciarlos? No, para nada. Ellos no se meten conmigo y al contrario, me cuidan”, expresó.
Don Luis dice estar cansado, pero no vencido. Considera que vienen mejores tiempos y que las cosas están cambiando para bien.
Por ello, asegura que seguirá trabajando de manera normal hasta que las fuerzas se lo permitan, ya que en varias ocasiones, sus hijos han tratado de convencerlo de que se dedique a descansar por una enfermedad que lo aqueja y lo ha llevado dos veces a estar internado en los últimos meses.