Guadalupe— Mueve con destreza el azadón. Con coquetería se recoge el rebelde mechón de cabello que coloca tras la oreja, luego limpia con una mano el sudor de su rostro maquillado.
Es María del Carmen Chávez Rodríguez, una madre de familia que se emplea temporalmente en el cultivo de algodón en el Valle de Juárez.
Aquí, el trabajo escasea, pero mujeres como María no tienen miedo de realizar las labores del campo para llevar algo de dinero a sus casas donde las esperan sus hijos o padres. Tampoco tienen opción.
“La violencia nos dejó muchas madres solteras, viudas o mujeres abandonadas porque huyeron sus esposos”, explica Raúl González, caporal de uno de los ranchos productores de la fibra en el municipio de Guadalupe.
Las comunidades agrícolas de esta región, ubicada al este de Ciudad Juárez, han sido peleadas por los cárteles de Sinaloa y Juárez para el trasiego de armas y drogas. Su privilegiada posición geográfica, que incluye cientos de kilómetros entre México y Estados Unidos sin vigilancia, trajo como consecuencia una lucha por el control de este corredor, que dejó totalmente desprotegidas a decenas de mujeres, entre madres y esposas.
Muchas optaron por trasladarse a Juárez, otras se refugiaron de manera temporal del otro lado de la frontera por contar con doble nacionalidad o tener hijos nacidos en la Unión Americana, pero poco a poco están regresando a sus casas donde se enfrentan, principalmente, a la falta de empleo.
Un informe del Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas (NDIC por sus siglas en inglés) que data de 2011, menciona que Joaquín “El Chapo” Guzmán desplazó al cártel de Vicente Carrillo Fuentes de El Valle de Juárez.
Tal disputa fue la que provocó una situación de violencia atípica en estas comunidades que enfrentan, incluso, la desarticulación de cuerpos policiacos, al ser abatidos mandos y agentes por los grupos delictivos.
Con una economía severamente afectada, las ofertas de empleo en el Valle son mínimas y pocas son las personas que logran colocarse en un buen trabajo. Una de ellas es María.
El patrón habla con orgullo de su empleada. Es la mejor, asegura. “Las mujeres son muy buenas para toda clase de trabajo, muy responsables y menos quejumbrosas”, afirma el hombre que convenció al dueño de la propiedad a abrir espacios a la mano de obra femenina.
“Ellas tienen familia y están como uno también, buscándole para sacar a sus hijos adelante. Uno las trata bien, las comprende, porque son mujeres que han sufrido mucho”, dice Raúl.
Frente a él, María no deja de trabajar. Le apena ser el motivo de atención y mientras quita las hierbas con el azadón trata de evitar la cámara.
“Apenas me ocuparon el lunes. El trabajo es fácil, yo aquí limpio el algodón”, explica.
Esto significa que con el azadón “limpia” el algodón al retirar el zacate, la hierba, la enredadera, el trompillo, la gloria y la lechuguilla que crecen junto a la planta, con el azadón jala de lado la tierra sin dañar la mata en crecimiento.
Y aunque la actividad que realiza parece sencilla, sus manos encallecidas indican que no lo es tanto.
María dice que conoce el trabajo en los campos de cultivo; no es la primera vez que se emplea en uno de ellos y aunque al momento de la entrevista el sol es inclemente, ella ama el aire libre y la tranquilidad que el sólo el campo proporciona.
“Yo aquí me siento bien, libre, es mucho mejor que trabajar en una maquila, pero uno necesita un trabajo de planta porque esto es temporal, pero está muy suave”, dice con una sonrisa.
Por un día de trabajo María recibirá 120 pesos que le permitirán alimentar a sus siete hijos y padres. Todos dependen económicamente de ella y es por ellos que limpiar la tierra con un azadón bajo el sol no resulta tarea pasada.
“Aquí habemos muchas mujeres que nos dedicamos al campo, nosotras no tenemos miedo de hacer este trabajo, lo conocemos, hemos crecido aquí. Además no tenemos muchas opciones de trabajo, por eso aprovechamos de que ahorita está la buena temporada (de siembra) del algodón”, explica.
María del Carmen se muestra un poco más entusiasmada y comenta que después de este trabajo, viene la pizca del algodón, de la nuez y es cuando las mujeres, hombres y niños aprovechan para conseguir empleo.
“Ya ahorita en este trabajo es normal que sea de hombres, mujeres y hasta de niños y jóvenes, aquí vienen a trabajar y no aprenden malas mañas, para ellos (los menores) esto también es muy bueno”, refiere.
La madre de familia trabaja ocho horas al día, de lunes a sábado.
“Entramos a las 7 de la mañana y salimos a las 4 de la tarde”, abunda.
En el ínter, María y sus colegas tienen unos minutos para almorzar y comer. En ocasiones ellos mismos preparan sus alimentos sobre un disco metálico que calientan con leños que ahí mismo recogen.
Tienen tiempo para hidratarse, platicar un poco, bromear y continuar con su trabajo.
Raúl González dice que las mujeres son muy competentes en las labores del campo y por ser vecinos que se conocen de toda la vida, muchos de ellos comparten las mismas tragedias por la pérdida violenta de un ser querido, se apoyan unos a otros.
“Convivimos como iguales, con respeto. Yo le diría a las mujeres que no piensen de manera machista, que hay muchos trabajos que se cree nomás para hombres que nosotras podemos desarrollar y todas tenemos necesidad y derecho a un empleo digno, a sacar a nuestros hijos adelante, con un trabajo decente en la labor, en la fábrica, en lo que sea”, puntualiza.
Un alivio
Pese a que las recientes lluvias provocaron serios daños al pavimento y al drenaje en la ciudad, en las comunidades agrícolas del Valle de Juárez, el agua pluvial fue recibida como una gran bendición.
“La sequía nos ha estado afectando mucho, pero ahora que llovió se puede ver a las plantas (de algodón) más alegres, más frondosas, ese es el beneficio que nos trae la lluvia. También nos trae más trabajo para la gente, porque hay que retirar la hierbita, yo por ejemplo contraté a 10, pero para el lunes voy a meter a otros 10 y entre ellos a cuatro madres de familia, para que se vengan a trabajar”, dice el caporal.
Después de meses sin que cayera una sola gota de agua, los productores agrícolas de la región rezaban por una “buena llovida”, lo cual obtuvieron durante el transcurso de esta semana por concluir semana.
Indica que el algodón se riega con aguas rodada que proviene de Estados Unidos, ya que es muy poca la que se extrae de los pozos por resultar muy cara, sin embargo, el agua pluvial es lo mejor y ésta va a elevar la calidad del cultivo que se sigue considerando como uno de los mayor calidad en el mundo. (Luz del Carmen Sosa/El Diario)