Titanic: Mexicano cedió su lugar a madre e hija y esperó la muerte
Alejandro Sánchez
Excélsior | 20-04-2011 | 23:22
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Distrito Federal— El único mexicano que iba en el Titanic ya estaba arriba de uno de los 20 botes que salvaban a tan sólo unos cuantos viajeros, pero antes de alejarse del navío que era tragado por el Atlántico miró desconsolada a una mujer que abrazaba a su hija y suplicaba auxilio aterrorizada.

Ese pasajero, Manuel R. Uruchurtu estaba en la lozanía de una trayectoria política. Tenía 39 años de edad, una guapa esposa y siete hijos. Era miembro de la clase privilegiada en los inicios del siglo XIX y amigo íntimo del general Porfirio Díaz.

De entre los pasajeros de primera clase rescatados, sólo Uruchurtu se levantó y pidió al oficial encargado del abordaje de la pequeña embarcación que en su lugar subieran a la señora y a su niña. Quedarse, sin embargo, significaba la muerte segura en las frías aguas del Océano.

“En la primera oportunidad que tenga vaya a México y narre lo que aquí ha sucedido”, fue el último mensaje de Manuel R. Uruchurtu, entonces diputado federal, para su familia.

Había viajado a Europa por otros motivos e inicialmente no tenía contemplado estar a bordo del primer recorrido del barco más grande y lujoso de esa época y que chocó contra un iceberg la noche del 14 de abril de 1912.  Unos días antes visitó en París a sus amigos en el exilio como Ramón Corral, hasta un año antes vicepresidente de México derrocado por el movimiento.

Guillermo Obregón, presidente de la Cámara de Diputados y compañero suyo de la Legislatura, casualmente coincidió con Uruchurtu en el hotel.

¿Qué haces?, —preguntó Obregón después de saludarse efusivamente.

— Alistando el retorno a México.

Manuel viajaría en el buque “Espaigne” de bandera francesa, que partiría de Cherburgo con destino a Veracruz el 10 de abril.

— Ese mismo día llega también a Cherburgo el Titanic y va rumbo a Nueva York. Es su viaje inaugural. No desaproveches la oportunidad y viaja en él.

— No sé –contestó Uruchurtu.

Pero Obregón le entregó el boleto de Primera Clase No. PC 17601.

Estuvo a punto de perderse el transporte de París a Cherburgo, pues la noche del 8 de abril sus amigos le prepararon una cena con deliciosos bocadillos y espumoso vino francés. La tertulia se prolongó hasta la madrugada, así que a la mañana siguiente se les hizo tarde.

Sus acompañantes daban por un hecho que no alcanzarían el tren, pero para su desgracia el tren en la estación central de París tuvo un retraso que permitió a Uruchurto abordar su asiento sin complicaciones. Todavía, incluso, se alcanzó a despedir de abrazo de quienes le había hecho la cena y acompañado a la estación.

Manuel alcanzó a enviar una postal a su madre que vivía en Hermosillo, Sonora, y de donde el propio político era oriundo. “Es una fotografía del barco (Titanic) en el cual viajaré este día. En cuanto llegue a México voy para Sonora”. Fue lo último que se supo de él hasta que 11 días después se confirmó la noticia de su muerte a través de la Cámara de Diputados.

El 20 de abril de 1912, el Congreso de la Unión recibió un telegrama firmado por Pedro Lascurain, cónsul de México en Nueva York, que decía: “Uruchurtu ha muerto”.

Era una de las mil 522 víctimas de los más de dos mil que compraron boletos para el viaje que tripularía el capitán Smith, con quien según los reportes oficiales, fue con el último que el legislador mexicano platicó antes de que el mar se lo tragara.

Manuel Uruchurtu además de legislar ejercía la carrera de abogado y escribía sobre temas legales y de la época, pero era más un apasionado de la política.

La mujer a la que le salvó la vida cumplió su promesa. Viajó a México. Ella era Elizabeth Ramell Nye de nacionalidad Inglesa, pero casada con un estadounidense quien el día de la tragedia la esperaba en Nueva York junto con su hijo. Ramell dio con la viuda de Uruchurtu y le platicó la desgracia.

La noche del accidente Manuel estuvo hasta las 23:15 horas en un pequeño salón departiendo con un grupo de empresarios franceses, escuchando música, degustando brandy y fumando puros españoles. Antes de dormir salió a la popa, siguió fumando su puro. Llegó el sobrecargo Joseph Scott para preguntarle si se le ofrecía algo.

El Titanic recorría las heladas aguas del Atlántico a gran velocidad, mientras el mexicano observaba hacía abajo del barco, donde pasajeros de tercera clase bailaban en medio de la neblina.

“Ellos sí saben divertirse”, dijo Uruchurtu según relató Scott al London Times después de ser rescatado.

— ¿Usted es francés verdad señor? –preguntó Scott en esa breve charla.

— No. Soy de México. En América hacía donde nos dirigimos.

En cierto modo, Manuel R. Uruchurtu había adoptado ese estilo afrancesado que impuso su amigo Porfirio Díaz. Tenía el pelo engominado hacía atrás, usaba elegantes abrigos oscuros que le llegaban por debajo de la rodilla. Muy a menudo se le veía con camisas claras estrictamente planchadas y usaba corbata con doble nudo.

Tenía el sueño de ser gobernador de su querida Sonora y por qué no, convertirse un día en presidente de la República, a final de cuentas cumplía con el perfil de la época: político, abogado, intelectual y había sido coronel de las fuerzas armadas.

Pero su sueño se truncó la noche del 14 de abril de 1912 cuando la tripulación de Smith gritó: “Iceberg a la vista” y ya rescatado decidiera a quedarse a morir con más de 340 empleados del Titanic que trabajaban en la cubierta y con otros hombres de segunda y tercera clase a cambió de salvar la vida de una niña y la madre de ésta.



Héroe de la caballerosidad

Al cumplirse el jueves 14 de abril los 98 años del hundimiento del Titanic, la Sociedad Sonorese de Historia inició con un proceso para que, el único mexicano que viajaba en ese barco y que cedió su lugar en el bote salvavidas a una dama inglesa, Manuel R. Uruchurtu, sea nombrado “Héroe de la Caballerosidad” a nivel nacional.

Antonio Uruchurtu, sobrino–bisnieto de aquel pasajero fallecido, indicó que el senado de Estados Unidos sí tiene registrada la acción de su antepasado como un acto heróico, por lo que aspiran a que en México también tenga un homenaje.

Señaló que se pedirá al Cabildo de Hermosillo, así como al Congreso Local y al Senado que se inicie el procedimiento para que se otorgue el reconocimiento de “Héroe de la Caballerosidad”.

Recordó que su tío-bisabuelo viajaba en calidad de diplomático por ello le otorgaron un lugar en el bote salvavidas.

Sin embargo al ver el sufrimiento en una dama inglesa, le cedió su lugar.

Fue esa mujer, Elizabeth Ramell Nye, quien se encargó de difundir el acto de humanidad del sonorense, agregó.

“Por ella se conoce la historia de Manuel R. Uruchurtu, pues luego de 12 años de la tragedia vino a Hermosillo a relatar a la familia lo que había ocurrido”, narró Antonio Uruchurtu.


 

>>yesbond:
los politicos mexicanos en cualquier epoca y lugar hacen gala de la vida galante que se proveen con esos puestos de reyes


>>the_punisher:
Deberían publicar cosas de las que se pueda estar orgulloso de ser mexicano. Ya para no leer tanta porqueria de nota roja.


>>el_pollito:
YA DESDE ENTONCES SE DABAN VIDA DE REYES LOS DIPUTADITOS FEDERALES


>>lookout:
Como reportaje, excelente, como historia, desconcertante, ¿porque hasta ahora se difunde en México?


>>papelo:
Siempre me ha interesado lo de el Titanic. y esta historia no la conocia. esta excelente. Felicidades Diario, publicar mas historias como esta


>>alguno:
Por favor, Diario, busca y publica mas historias de este tipo. Seguramente hay algunas similares de Juarenses y Chihuahuenses quienes en el paso de los años habrán dado ejemplos parecidos. Gracias.


>>og1__:
Felicidades Por favor presenten mas historias para variar un poco la lectura diaria.


>>julianm:
Un diputado federal e intimo del dictador haciendo esto??.. wow.. Dificiiil de creer..


>>hombremejorado:
Excelentísima Historia, creo que él Sr. Uruchurtu se merece mucho más de lo que proponen. Me gusta.☺


>>moroco:
Una conmovedora historia sin lugar a dudas plena de compasión por parte de este buen mexicano; lastimosamente hoy en día hay muchos que su fuerte NO es precisamente la compasión en esta guerra vergonzosa que vive Juárez y el país entero. Gracias