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Para Alejandro Ruiz la gastronomía es parte de su vida. (Foto: El Diario)
Cocinar es un arte
 
Cynthia Camacho
El Diario |
04-11-2009 | 21:44 | Buen provecho
 
La hoja santa, el chile de agua, el perejil, la pitiona, el cilantro, los chapulines y los nopales son algunos de los ingredientes básicos de la cocina tradicional de Oaxaca, y también una parte muy importante en la vida del chef Alejandro Ruiz.

Directamente desde la tierra de la Guelaguetza, el chef está en la ciudad para hacerse cargo personalmente del menú que se servirá en el evento Expo Arte 2009.

Su sazón respeta los sabores y aromas tradicionales de la cocina de Oaxaca, y los mezcla de forma fascinante en una propuesta contemporánea.

“Como sabes la cocina oaxaqueña es uno de los íconos del país, yo la pondría como una de las tres más importantes de Mexico”, afirma convencido Alejandro.

“Hay por otro lado un desarrollo muy importante en la cocina oaxaqueña, es decir, ahora ya no sólo te encuentras con la cocina tradicional, las tlayudas, los chapulines, los tamales, la cocina del mercado de la calle, de la casa, de la mamá, la abuela, que realmente es lo que le ha dado a Oaxaca ese lugar en la gastronomía a nivel nacional e internacional, y por otro lado también se está desarrollando una cocina contemporánea”.

El campo, su mejor

maestro de gastronomía

Su cocina reconcilia ambas propuestas de la gastronomía, y lo logra gracias a que su niñez transcurrió en el campo, siendo el mayor de cinco hermanos.

“Tengo ese conocimiento, ese gusto por la cocina tradicional porque yo nací en el campo, mi mamá me enseñó y me tuvo ahí a su lado como el hijo mayor de cinco que éramos. Yo le ayudaba a hacer la salsa de molcajete, a asar los chiles, a asar los jitomates, a darle la vuelta a una tortilla, y bueno, era parte del rol como miembro de una familia de campesinos que yo tenia”.

Desde los siete y ocho años de edad, Alejandro ayudaba en las faenas del campo a su papá, y también a su mamá en la cocina.

“Eramos una familia que realmente nos enseñaban a comer muy bien, comíamos lo que nos daba la tierra. Mi mamá tenia sus gallinas, sus huevos de rancho, una huertita donde tenia todas esas hierbas como el cilantro, el perejil, la hoja santa, la pitiona, una huertecita de nopales”, recuerda Ruiz.

“Comíamos lo que nos daba la tierra misma, aparte mi familia fueron campesinos, entonces cultivábamos el jitomate, el chile de agua, el ejote, el frijol, cacahuate y otras cosas. Viviendo  en el campo, la caza también era algo importante, el conejo, la liebre, las aves, comíamos de todo. Mi mamá tambien tenía unas vacas, cabras, entonces el ordeñar, el hacer el queso; entonces el desayunar, comer y a veces cenar con tortillas blanditas hechas del comal era un privilegio que en ese momento no me daba cuenta pero que ahora lo valoro mucho y ese es mi origen, de una familia de campesinos que teniamos a la mano toda esa serie de productos”.

 
 
 
 
 
 
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