La encuestadora Consulta Mitofsky acaba de dar a conocer recientemente su primer sondeo de preferencias electorales para el proceso electoral 2010 en nuestro estado, centrado en la elección de gobernador. De acuerdo con lo presentado, el PRI se encuentra por encima del PAN en cuanto a preferencias electorales, con una fuerte diferencia de alrededor de 20 puntos; pero el PAN cuenta con una mejor percepción positiva que el PRI, con una ventaja de 4 puntos. Lo más interesante que nos reporta el sondeo, es un 30 por ciento de chihuahuenses que no tienen definida la tendencia de su voto, ni tienen ninguna preferencia partidista, más aún, que no se sienten representados por ninguno de los partidos. La experiencia electoral en nuestro país nos ha llevado a conocer a mayor profundidad la naturaleza de las encuestas, pasando de ser consideradas casi oráculos inexpugnables, a incluso ser rechazadas por muchos por sus posibilidades tendenciosas y ‘amañadas’. Sin embargo, la utilidad de las encuestas no se puede poner en duda, son instrumentos metodológicos formidables para trabajar en la toma de decisiones, considerando sus resultados como líneas que marcan determinadas tendencias de acuerdo con un contexto definido, que varía tanto como las circunstancias mismas de los escenarios políticos, es decir, las encuestas no predicen el futuro, sino nos hablan de las condiciones del presente.
Bajo estas consideraciones podemos ver en la encuesta de Consulta Mitofsky sobre la sucesión en la gubernatura de nuestro estado, dos tendencias fundamentales que deben ser consideradas como los ejes que definirán el próximo proceso electoral: en primer lugar, estamos frente a un marcado bipartidismo que ubica a las dos principales fuerzas políticas tanto con ventajas como con desventajas, pero como los únicos actores políticos viables en esta carrera electoral; en segundo lugar, lo que en algún momento fue conocido como los votos switchers, aquellos que cambian su preferencia electoral en cada proceso y que son quienes deben ser convencidos por las fuerzas políticas para definir a su favor la tendencia, ahora los vemos más cercanos a la negativa política, a la indefinición y la total falta de identidad con la oferta política, es decir, la tercera parte de los votantes de nuestro estado no sienten ninguna cercanía con los políticos.
Si bien la cifra puede considerarse coincidente con los márgenes de abstencionismo ‘normal’, lo cierto es que el dato no se refiere a disposición de participación, sino a la identificación con la oferta política del estado, que si bien esta es una de las principales variables de la abstención, en este punto de la carrera electoral, lo que está indicando es la necesidad que tienen los partidos de establecer un vínculo con ese 30 por ciento que finalmente inclinaría la balanza en este esquema de bipartidismo que se enfrentará por el gobierno de nuestro estado.
Es aquí donde de privar un análisis autocrítico de lo que cada partido nos está ofertando a los ciudadanos, pero sobre todo, de aquello que no encontramos en la oferta y por lo que este porcentaje de ciudadanos no tiene ninguna simpatía política.
A casi 6 meses del proceso electoral, y más allá de las cifras de encuesta, quienes vivimos en el estado podemos percibir el fuerte desencanto con las fuerzas políticas que, de la mano de las grandes problemáticas que enfrentamos como entidad y como país, deberían urgir al nacimiento de un liderazgo sólido, capaz de representar las urgentes necesidades de toda la sociedad, y no sólo de un sector con tal o cual preferencia política. Más allá de los reproches por la falta de resultados, por las promesas incumplidas o la ineptitud de los diferentes gobiernos y partidos, estamos ante una completa lejanía entre los políticos y los ciudadanos, en la que la sociedad no se siente representada por sus gobiernos, no ve sus necesidades reflejadas en la toma de decisiones, ni sus intereses llevados a los debates políticos.
La discusión no puede restringirse ahora, en un momento tan importante en la historia de nuestro estado, a las tendencias en términos de votantes y procesos, debemos hablar sobre ciudadanos y gobiernos, sobre sociedad y actores políticos más allá de las urnas y los “tiempos electorales” y entonces sí, nuestros políticos deben pensar en hacer importantes alianzas, pero no de esas que los restringen a su propio círculo, los cierran a sus monólogos interminables, no alianzas de políticos para políticos, sino una alianza amplia con todos los ciudadanos, con sus necesidades y sus convicciones.
El sentido de representación no nos va a llegar sólo porque se toquen ciertos temas de interés en los discursos de campaña, debe llegarnos porque nos veamos a nosotros mismos, a los ciudadanos, trabajando a la par de los políticos en una gran alianza por nuestro estado. Es necesario romper con la desvinculación entre política y sociedad, construir puentes, dar a los ciudadanos espacios de acción concretos en la toma de decisiones para que no seamos sólo espectadores de nuestro propio destino, sino constructores junto con los políticos. El mayor reto para esta elección será reconstruir el concepto de representación. Nada está escrito aun sobre el proceso electoral, lo único que es evidente son las grandes demandas de la sociedad chihuahuense.
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