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Los reúne misa, tras 6 años de separación
 
Guadalupe Félix
El Diario |
02-11-2009 | 23:39 | Local
 

Hace seis años Carmen Hernández observó por última vez a su hijo Raúl al tener que quedarse de forma ilegal en El Paso con el fin de que una de sus hijas recibiera un trasplante de riñón.

Ayer, la misa binacional en honor de los migrantes que se celebró en la malla fronteriza entre México y Estados Unidos a la altura de la colonia Anapra, fue el escenario que permitió su reencuentro.

Entre lágrimas y sonrisas, Carmen conoció a sus nietos, uno de un año 9 meses, y el más pequeño de nueve meses.

La mujer, quien está en espera de que su situación migratoria se solucione, intentaba introducir sus dedos lo más que podía a través de la malla divisoria para tocar a sus nietos, a su hijo y a su nuera.

Aunque prácticamente todos los días platican por teléfono, deseaba conocer el rostro de sus nietos y nuera, además de ver a su hijo después de seis años.

Ella vive en el centro de El Paso y el joven de 31 años en Juárez Nuevo; aunque las distancias son relativamente cortas, Carmen no puede visitar esta localidad hasta que su situación migratoria se arregle, mientras que él carece de empleo que le permita tramitar su visa láser.

Por lo menos a su segundo hijo lo tuvo a su lado hasta el año pasado, cuando fue deportado por carecer de permiso para vivir en la vecina ciudad, narró Carmen intentando consolarse.

Comentó que se fue a vivir a la vecina ciudad hace 10 años aprovechando su visa de turista, sin embargo hace seis se le venció y eso la obligó a alejarse del resto de sus hijos con tal de ayudar a la más pequeña con su trasplante médico.

Además de sus dos hijos y ahora sus nietos y nuera, lo que  más extraña es la libertad que tenía en Juárez, pues no se siente libre al igual que cualquier inmigrante, dijo.

Para Raúl era muy importante que su madre conociera a sus dos hijos, pues son los primeros nietos de la mujer.

Tratando de contener el llanto, platicó que extraña los domingos en que su mamá preparaba menudo y se reunían todos para desayunar.

Mientras la plática entre ellos se desarrollaba, a escasos metros eran observados por una agente de la Patrulla Fronteriza.

Durante la ceremonia eucarística bilingüe, migrantes que recientemente han sido deportados a esta localidad y algunos otros que contemplan ingresar de forma ilegal al vecino país participaron con las lecturas bíblicas.

Ofrecieron ante el altar una mochila, un par de huaraches, agua y alimentos debido a que son los artículos que se vuelven imprescindibles para vivir en su intento por ingresar a los Estados Unidos.

PERDóN POR LAS OFENSAS

El obispo de Las Cruces, Nuevo México, Ricardo Ramírez, pidió a Dios que perdone las ofensas y el rechazo que han sufrido los migrantes al ingresar al vecino país, así como el prejuicio racial y las maldades de la sociedad que tienen que vivir los connacionales.

Además elevó sus plegarias ante lo difícil que resulta para la comunidad reconocer que todos son iguales y por el miedo que tienen de estrechar la mano a los migrantes.

Mencionó que para el Señor no existen fronteras, y que por tal motivo la eucaristía es el momento que más une a la comunidad.

Indicó que los estadunidenses sienten la pérdida de tantas personas que han sido asesinadas en Juárez durante los últimos años, y que lamentablemente la fuente de esas maldades radica en Estados Unidos debido al consumo de drogas y a la venta de armas.

También lamentó que de 1992 a la fecha 5 mil migrantes hayan perdido la vida por hambre, sed, calor y por mordeduras de víboras, pero también por las leyes injustas de migración, “por los tratos tan crueles de los coyotes y los sistemas políticos y económicos de ambos países”.

Comentó que “las muertes tienen sus raíces en la insensibilidad de los poderosos que muchas veces crean estructuras que llevan consigo la injusticia”, por ello lamentan que las familias tengan que separarse a fin de que uno de sus miembros llegue a los Estados Unidos en busca de una mejor calidad de vida, aunque recibirá a cambio un trato y pago injusto donde tengan que estar escondidos de las autoridades.

Dijo que es muy triste que ante una emergencia no se puedan reunir las familias con tal de no abandonar el vecino país.

En la celebración eucarística que se ofreció ayer a la 1 de la tarde en la malla divisoria entre Anapra y Sunland Park estuvieron presentes sacerdotes, seminaristas, religiosas y feligreses de Juárez, El Paso y Nuevo México, sin embargo, llamó la atención de los presentes que en comparación con otros años esta vez el número de asistentes fue inferior.

SEGUIRáN APOYANDO A LOS MIGRANTES

El obispo de Las Cruces indicó que los prelados seguirán comprometidos con los migrantes y lucharán para crear nuevas leyes de migración que los ayuden.

Por tal motivo seguirán ofreciéndoles servicios de legalización y ciudadanía en un ambiente de hospitalidad: “sepan que los que vienen a nosotros no los vamos a rechazar, les vamos a dar de comer, les daremos ropa y aseguramos que tendr*n todo para sobrevivir, pues somos hermanos y hermanas, somos una familia... ustedes harían lo mismo por nosotros”, dijo.

“Estamos muy conscientes de que somos una Iglesia en América, que caminamos juntos en la esperanza, hay más de lo que nos une que de lo que nos separa”, agregó.

Lo que no desea Cristo es ver asesinatos, leyes injustas o que sufran los migrantes, manifestó.

Al momento de las invocaciones, los presentes pidieron para que los gobiernos de ambos países terminen con las discriminaciones y para que todos luchen a favor de los migrantes.

UNA FORMA MáS DE VIOLENCIA

Renato Ascencio León, obispo de la Diócesis de Ciudad Juárez y miembro del Consejo Pontificio de Migrantes e Itinerantes, dijo que uno de los motivos de la violencia es la migración, pues impedir la realización de los legítimos deseos de las familias es una característica de la violencia.

Expresó que los pueblos soberanos que tienen más recursos deben estar abiertos a la recepción de quienes tienen necesidades y si los mexicanos requieren ayuda existen otros países donde se viven mayores carencias, por eso los habitantes de este país deben ayudar a los migrantes centroamericanos.

Indicó que la deportación que ahora se realizará por el lado de Presidio Texas-Ojinaga es una manifestación más de rechazo hacia los migrantes porque ambas localidades están en desventaja con las facilidades que podrían recibir los recién deportados en El Paso-Juárez.

Comentó que el obispo de Las Cruces investigará esta situación para evitar que los connacionales tengan que ingresar a México a través de Ojinaga.

Señaló que los migrantes no son criminales, sino personas en busca de una mejor calidad de vida.

Indicó que uno de los momentos más difíciles de entender es la muerte de un ser querido, principalmente cuando se debe a una situación legal o de racismo.

Varias personas tienen que ingresar en Estados Unidos de forma ilegal, no por turismo, sino en busca de una mejor calidad de vida, expresó.

Ante esta situación, los estados soberanos deben abrir sus brazos a quien no tiene la misma posibilidad de salir adelante, dijo.

El director de la Casa del Migrante, José Barrios, comentó que del 1 de enero al 31 de octubre han sido deportados aproximadamente 6 mil migrantes, cifra que se ha duplicado en comparación con el año pasado.

Indicó que el 95 por ciento de ellos decide regresar a su lugar de origen ante la falta de oportunidades que encuentran en el vecino país.

Dijo que esas personas reciben un trato inhumano por parte de las autoridades estadunidenses, pues incluso en el invierno varios de ellos llegan con camisones delgados, por lo que en la Casa del Migrante reciben vestido, asilo y comida gratis.

 
 
 
 
 
 
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