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Viernes 20 de Noviembre de 2009 | Ciudad Juárez, Chihuahua, México
‘La Tuta’, de profesor
a capo de La Familia
El Universal | 07-11-2009 | 00:27 | Nacional
Distrito Federal— De maestro a narco. Ese es el resumen de la historia de Servando Gómez Martínez, ‘La Tuta’, uno de los cinco principales jefes de la organización criminal conocida como “La Familia Michoacana”.
Tras abandonar las aulas para sumarse a la delincuencia se convirtió -según investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) y la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSPF)- en uno de los hombres más violentos de ese grupo criminal, al grado de ser capaz de asesinar sólo porque quien le leía las cartas del Tarot le revelaba supuestamente que alguien lo traicionaba.
Encargado de las operaciones de “La Familia Michoacana” en la zona serrana y costera del territorio michoacano, a Gómez Martínez se le responsabiliza de masacres como las de los 12 policías federales en julio pasado y planificar estrategias mediáticas del grupo criminal para desacreditar funcionarios o hasta proponer públicamente pactos al Gobierno federal, según las investigaciones de la PGR e informes de la SSPF a los que tuvo acceso El Universal.
Sólo por debajo de Nazario Moreno González, El Chayo, y de José de Jesús Méndez Vargas, El Chango Méndez, La Tuta igualmente es señalado como promotor financiero de políticos. Un ex cómplice metido ahora a testigo protegido con la clave de Carlos reveló cómo Gómez Martínez a través de su hermano Luis Felipe apoyó la campaña de Jairo Rivas Páramo, para ocupar el cargo de alcalde en el municipio de Arteaga, su tierra natal y población en la cual logró ejercer un control absoluto sobre autoridades y policías.
Ante fiscales de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), el hermano de La Tuta, Luis Felipe Martínez Gómez, El Güicho, narró como el ahora capo del narcotráfico dejó los salones de clase para dedicarse al narcotráfico.
“Cuando Servando tenía como 19 años se juntó con su esposa y se fue a vivir por Quiroga, donde dio clases ya que es maestro normalista. Cuando se separó se fue a vivir al rancho de su papá llamado `Medina´, el cual se encuentra a las afueras del municipio de Arteaga, ahí durante dos años cultivó la papaya, jitomate y maíz”, comentó.
Después, añadió, Servando se fue a trabajar a unos ranchos de maestro y regresó posteriormente al pueblo. Tiempo después me di cuenta que tuvo un problema con una persona de apellido Barragán, quien cuando fue detenido dijo que en un rancho había un sembradío de mota y que era de mi hermano, pero era mentira porque lo dijo para que lo dejaran ir y porque mi hermano le caía mal.
Sin embargo, La Tuta ya había comenzado a tener vínculos con narcotraficantes de su entidad y que poco a poco fueron visibles para su propia familia. “Yo le dije a Servando que dejara eso, esas cosas y luego fue cuando me di cuenta que él estaba metido en el narcotráfico, relató su hermano El Güicho y quien fue detenido en agosto pasado en Arteaga en casa de sus padres, cuando la Policía Federal hizo un nuevo operativo en ese domicilio.
Tiempo después, contó, le volví a pedir a mi hermano que mejor diera clases, pues ya no estaba dando clases, pero él me contestó: “Tengo que seguir en esto porque ya no me puedo salir”. El Güicho aceptó no conocer exactamente la razón por la cual su hermano siguió dentro del narco, pero lo que si sabía era que por encima de él estaban tres a cuatro personas para las que trabaja”.
Prófugo hasta hoy, La Tuta utilizó los servicios de su “brujo” personal Juan Víctor Fernández Castañeda para escoger los sitios donde esconderse de la Policía, además de identificar metafísicamente a sus enemigos. Pero también le servía para asuntos terrenales, como “lavar” dinero, enviar regalos o hasta para proveer de recursos a diferentes mujeres con las que vivía.
Según el colaborador de la PGR, era tanta la fe que La Tuta le tenía a Fernández Castañeda que la ocasión que El Brujo le dijo, por allá de septiembre de 2007, que una persona que trabajaba de tapicero en el centro del municipio de Arteaga “le había puesto el dedo” (denunciado) con el Ejército y que por eso le aseguraron armas, cartuchos, uniformes y vehículos robados, el jefe de la organización criminal lo mando matar.
Carlos, el cómplice de La Tuta que ahora presta sus servicios a la PGR como testigo protegido, también habló sobre las vinculaciones políticas de su ex jefe y de sus familiares, como el caso del profesor Felipe Martínez Gómez, hermano del capo. Al respecto, indicó: “el es su hermano y en algunas ocasiones cuando veía gente sospechosa o alguna cosa rara ahí en Arteaga le decía a La Tuta, quien nos mandaba a ver lo que había dicho su hermano”.
“Cuando andaba la campaña para presidente municipal en 2007, Luis Felipe, El Güicho, se quedó por órdenes de su hermano como encargado de ayudar a Jairo Rivas Páramo, El Jairo. Siempre lo acompañaba a todas las presentaciones con la gente en el municipio y todo lo que hacia o decía Jairo se le comunicaba a La Tuta”, reveló el ahora colaborador de las autoridades.
En varias ocasiones, agregó, cuando se hacían las reuniones de El Jairo con la gente en la campaña, se repartían cosas regaladas entre las personas que asistían, como huaraches, zapatos, sandalias y también les daban comida y en ocasiones había cerveza y una banda de viento. “El Güicho se encargaba de organizar todo eso por órdenes de su hermano, quien no asistía para que no lo relacionaran, pero en su lugar él iba y andaba convenciendo a la gente para que votara por El Jairo”, expresó.
De acuerdo con la versión del citado testigo protegido, La Tuta le dio 200 mil dólares a El Jairo para su campaña, dinero que presuntamente fue enviado con su hermano El Güicho, a quien también lo dotó de un carro tipo Chevy Monza. (El Universal)
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