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La derecha en 2012
 
Rafael Loret De Mola
Analista Político |
06-11-2009 | 22:08 | Opinión
 

Distrito Federal– La derecha mexicana suele sorprender cuando construye escenarios insólitos. Lo observamos en el presente al escuchar las constantes muletillas publicitarias sobre el régimen de Calderón cargadas hacia el imperativo de vindicar a los pobres, una propuesta que afloró en 2006 en voz de López Obrador cuando éste enfatizó la pérdida de las banderas sociales de la posrevolución, tan traicionada como la exaltada cruzada por el cambio.

Igual sucede al medir los posibles efectos del diferendo entre el gobierno en ejercicio y los empresarios, a quienes todavía no se pagan en su totalidad las facturas de la campaña 2006, por causa de las nuevas perspectivas fiscales que los afectados consideran excesivas y paralizantes. No se olvide que el criterio dominante al respecto, incluso también en la visión de la izquierda, era a favor de reducir la cauda tributaria para impulsar la creación de fuentes de empleos como salida alterna. Tal opinión incluso fue expresada por destacados economistas situados en el hemisferio occidental y preocupados por la lentísima recuperación de la economía mexicana en comparación con otras del cono sur que fueron, en principio, bastante más afectadas por la crisis recesiva mundial, Brasil entre ellas.

(No expresan aún los panegíricos de la voluntad superior, todavía con evidentes signos autocráticos –muestras suficientes de ello fueron la liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y la resistencia a modificar el agobio fiscal optando por cobrarle más a los cautivos extendiendo el acecho contra los empresarios que, aunque cumplen con la ley, no pagan lo suficiente al Fisco–, la razón por la que nuestra “blindada economía”, con reservas monetarias en niveles récord si bien ociosas en una época en la que se requiere asegurar la infraestructura y reducir las asfixias de los acreedores internacionales, será la última en salir del atolladero. ¿Acaso no fue la reciedumbre financiera, legado de la última etapa del priísmo hegemónico, la carta fuerte para abogar por el continuismo político hace apenas tres años? Repásense los discursos de aquellos días antes de llegar a conclusiones. Lo mismo, sí, que con la promesa de retirar el injusto impuesto sobre la tenencia vehicular: una cosa se publicitó y otra se ejecutó).

Veamos ahora más allá de nuestras narices para intentar avizorar cuál será el comportamiento de cuantos se ubican a la derecha, con presagios de turbulencias severas en la ruta, y aspiran a garantizar, igual que en 2006 –esto es a cualquier costo–, la continuidad financiera y política de un país severamente dañado, por la corrupción primero, y por la corrupción y la demagogia después. (Al respecto, fuera de la órbita del PAN, los observadores no cesan en insistir en que, de la mano del nepotismo exacerbado, los panistas de hoy han asimilado todas las mañas de sus predecesores priístas... ¡y lo que falta!).

Por principio de cuentas, de acuerdo al modelo legado por la antigua dictadura tricolor –llamémosla por su nombre, sin eufemismos–, los postulantes de Acción Nacional en línea de ser llamados a encabezar a su partido en la próxima lid presidencial, saben bien que deben proceder ‘institucionalmente’ –¿les recuerda algo el término, amables lectores? –, esto es sin alterar los ‘tiempos’ ni actuar en contra de lo que se estima lealtad hacia el jefe del gabinete, el mandatario en turno, hasta llegada la hora de iniciar el proceso de acuerdo a los términos y plazos de la ley. Mientras, claro, sus visibles adversarios se muestran, mediante mil argucias, tratando de construir, aunque sea con las formulas mediáticas conocidas, presuntos liderazgos. Vamos, cuando menos así el conglomerado sabe de su existencia y de sus ambiciones. No en el caso de los dilectos miembros del gabinete presidencial, maniatados por la disciplina. Igual ayer que hoy.

Además, el sustento de los mismos no es otro que el de Felipe Calderón en 2006. Esto es: cualquier viraje es peligroso por lo cual sólo es patriótico permanecer en la misma línea de las inercias con la esperanza de que, hacia adelante, la democracia evolucionará favorablemente cancelándose, por tanto, los aviesos candados del sectarismo... casi de manera natural.

(Lo mismo estimó Fox, en agosto de 2000, en las vísperas de su asunción presidencial, cuando pronosticó, socarrón, que las mafias conocidas se irían solas de los escenarios políticos cuando ‘comprendieran’ que ya nada tenían por hacer en ellos. Fue esta sentencia, sin duda, la exaltación misma, también el inicio, de la demagogia rampante que luego se extendería a todos los niveles del gobierno).  El proyecto de la derecha, lo mismo que cuando comenzaron las sacudidas hace seis años, no es otro sino esperar, con paciencia, los necesarios reacomodos bajo la parafernalia del presidencialismo.


Debate

Desde luego, los actores están preocupados. Tienen conciencia plena acerca de la ‘recuperación’ priísta, sólo explicable por el deterioro notorio de quienes ejercen gobierno y también por la segmentación de la izquierda presa de fanatismos extremos, aun cuando estiman que la cuesta podría remontarse al igual que en la fase terminal del foxismo, esto es cuando la pareja ex presidencial decidió ocuparse de la sucesión dejando de lado el sopor de la inercia que marcó a su administración.

No soslayemos, aun cuando la amnesia tiende a privilegiar los reacomodos por la senda de los olvidos convenencieros, un hecho incontrovertible: cuando inició la carrera por la sucesión presidencial en el sexenio anterior, precipitándose Felipe Calderón en Guadalajara en mayo de 2004 –esto es más de dos años antes de la justa comicial–, el prestigio de los Fox estaba por los suelos, rebasada la casa presidencial por los desafíos y resignada a no poder superar los escollos legislativos por la resistencia aviesa a negociar en términos verdaderamente democráticos. Por ello, claro, tuvo tan buena fortuna una opción que surgió fuera del entorno foxista, la del propio Felipe quien debió renunciar a la Secretaría de Energía por haber pecado contra la disciplina férrea, al estilo priísta, mostrándose como un desleal al presidente en los mismos términos.

¿Deberá proceder de la misma forma quien, por ahora en el gabinete presidencial, aspire a desprenderse de la mala imagen del régimen en curso y andar por su propia cuenta postulándose como la mejor garantía de permanencia para el grupo afín y los compromisos que le acompañan?¿O ya tomó cartas en el asunto el propio señor Calderón, cuya mano domina la dirigencia panista desde que envió a la misma a uno de sus incondicionales, primero, y a su fiel secretario privado, después, siguiendo los libretos encontrados en los archivos del priísmo predecesor? No hay diferencia alguna, ni en las formas ni el fondo.

¿Quiénes de los postulantes en cierne se animará a cortarse el cordón umbilical, a sabiendas de que no tendrán presupuesto para promocionarse y mantenerse a la vista salvo el que proceda de alianzas soterradas y contubernios poco claros? Máxime que los plazos se han ampliado dramáticamente a la vista de las promociones incesantes de los dos políticos mejor posicionados, el mexiquense Enrique Peña y el defeño Marcelo Ebrard. Los mencionados, por supuesto, tienen recursos a la mano y los tendrán hasta el momento mismo en que las nominaciones ocurran en los plazos legales. Y tal marca la diferencia en una nación en donde los liderazgos se construyen al ritmo de las campañas en los medios masivos, igual que con los futbolistas exaltados al papel de “prima donnas” cada que se encuentran con las porterías enfrente.

Por desgracia, la mediocridad es un elemento que puede camuflarse detrás de las bambalinas de la publicidad.

 
 
 
 
 
 
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