Clima
Temperatura  13°C - 56°F
 
12.88 - 13.18
Presidente Calderón: Exigimos justicia para Armando
 
 Busqueda en:
hrs | Viernes 20 de Noviembre de 2009 | El Paso, Texas, EUA
 
                 
 
 
   
 

Los alumnos recibieron bocadillos en forma de hueso (Foto: Mario Ruíz/El Diario de El Paso)
Asisten perros a la Universidad
 
Francisco Alarcón
El Diario de El Paso |
07-11-2009 | 01:18 | El Paso
 

A sus ocho meses, lo único que quiere Otto es jugar, correr, brincar, morder, explorar y olfatear. Su dueño decidió que el inquieto sabueso de 45 kilos podría serle de alguna utilidad, aparte de ser el compañero de juegos de su hija.

Aprovechando el increíble deseo del perro de olfatear todo lo que se le atraviesa en su camino, lo llevó a que fuera entrenado para rastrear cosas, con el fin de que lo acompañe de cacería y compartir tiempo con el mejor amigo de su pequeña.

Este y otros perros fueron los estudiantes de una peculiar clase de rastreo impartida de noche en los jardines de UTEP.

La maestra, Norma Rust, dirigió la interesante clase con una bolsa llena de banderas, juguetes y bocadillos. Los alumnos, en vez de recibir brillantes calcomanías de estrellas en su frente, comían bocadillos con forma de hueso.

“Los perros que saben rastrear pueden detectar drogas, encontrar niños perdidos, seguir a fugitivos de la Policía y muchas cosas más”, explicó a sus alumnos y a los dueños de éstos. Los amos asentían con los datos curiosos que la maestra Rust comentaba, mientras los alumnos se olfateaban unos a otros y se mostraban inquietos al no entender el parloteo de los humanos.

En el caso de Otto, quien pertenece de la raza Sabueso de San Huberto, el perro está diseñado genéticamente para rastrear, pues tiene un sentido del olfato muy desarrollado y sus largas orejas sirven para concentrar el olor cuando se inclina y acerca la cabeza al suelo.

Siglos atrás, este tipo de perros se utilizaban en los paseos de caza por su capacidad de rastrear por kilómetros y kilómetros la esencia de venados y alces. “A sus ocho meses, el can se encuentra en plena adolescencia, por eso es tan inquieto”, explicaba la profesora al dueño del ‘adolescente’ que batallaba para evitar que el perro jugueteara con un compañero de clase más pequeño que estaba a su lado y se rascaba la cabeza.

Sin embargo, en cuanto la parte práctica de la clase comenzó y se dispuso el trayecto que los perros tenían que olfatear, Otto se enfocó en su nariz y se comportó como un estudiante modelo, siempre atento a cualquier viento que empujara el olor a su sensible hocico, y dispuesto a obedecer por un bocadillo.

Y es que los perros son rastreadores naturales, ya que tienen 220 millones de receptores de olor en su nariz. Los humanos sólo tenemos cinco millones.

De hecho, el sentido del olfato en los perros es tan sensible que puede detectar olores tan diluidos que difícilmente podrían ser medidos con instrumentos científicos, aseguró Rust, quien también es dueña del centro de entrenamiento para perros Animal House.

La clase que imparte fue diseñada para enseñar a los dueños de los perros que el olfato es algo mucho más importante para los animales que para nosotros, ya que comúnmente dependemos más de la vista que de otros sentidos.

Al ser un sentido tan desarrollado, los humanos podemos aprovechar el olfato de los perros para encontrar personas perdidas, detectar artículos ilegales como drogas o alimentos prohibidos, o competir en torneos de rastreo, como Rust lo hace con sus perros de raza Border Collie y French Poodle.

Las clases pertenecen al programa de Educación Continua de UTEP y están abiertas a cualquier persona que tenga un perro y esté dispuesta a intentar educarlo en el arte de rastrear. Aunque un perro rastreador se puede utilizar en agencias gubernamentales, muchos dueños los entrenan por gusto o por la satisfacción de tener un can capaz y disciplinado.

 
 
 
 
 
 
  Publicidad