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Viernes 20 de Noviembre de 2009 | Ciudad Juárez, Chihuahua, México
Cuando las acciones dicen más que las palabras
Rubén Navarrette Jr. Washington Post Writers Group | 06-11-2009 | 01:35 | Opinion El Paso
San Diego— El hotelero Larry Whitten tendría que haber conocido la siguiente máxima en Nuevo Mexico: Donde fueres, haz lo que vieres.
Suena familiar. Es irónico que la derecha cultural —es decir, los que se sienten insultados por tener que “oprimir uno para Inglés” y dicen que los inmigrantes deben adaptarse a la corriente central— cambie ahora su cantinela y defienda a un hotelero que decidió ir con arrogancia contra la corriente, en un lugar de mayoría latina, fundado por exploradores españoles hace 500 años.
Whitten se volvió tristemente famoso nacionalmente por despedir a algunos de sus empleados por hablar español. Whitten, un transplante de Texas, expresó a The Associated Press que le inquietaba que sus empleados estuvieran hablando sobre él.
“Pedí a las personas que en mi presencia hablaran inglés porque no entiendo español”, dijo Whitten. “He trabajado 24 años en Texas y tenemos muchos hispanos allí. Nunca tuve que pedir a nadie que hablara sólo inglés frente a mí porque nunca tuve motivo para hacerlo”.
¿Entendieron? Durante más de dos décadas, Whitten vivió en Texas, un estado en que los hispanos representan más de un tercio de la población. Y, durante ese tiempo, trabajó en la industria hotelera con, según él admite, mucha “gente española”. Sin embargo, nunca sintió la necesidad de aprender ni unas pocas palabras de español para comunicarse.
ésta sería una refriega más en las guerras del idioma, si no fuera por el hecho de que Whitten fue más allá y también despidió a los empleados que se negaron a anglicanizar sus nombres, “María” se convierte en “Mary”, “José” se convierte en “Joe”, etc. Dijo que le preocupaba que los turistas se sintieran incómodos, si los nombres de los empelados eran difíciles de comprender o de pronunciar.
Seguro, María y José son verdaderos trabalenguas. Dios mío, ¿cómo supera esta gente el trauma de estar en un restaurante y tratar de pedir huevos rancheros?
“No tiene nada que ver con el racismo”, dijo Whitten acerca de sus normas. “No lo estoy haciendo por ningún otro motivo que no sea la satisfacción de mis huéspedes, porque la gente que llama de todos los Estados Unidos no conoce los acentos españoles ni la cultura española ni nada español”.
Como hombre de negocios, Whitten no parece saber demasiado sobre cómo estimular su propio negocio. En términos generales, pienso que los que triunfan en el negocio de la hotelería son los que acogen mejor a la mayor cantidad de gente. Obligar a la gente a abandonar su idioma y su cultura, incluso sus nombres, envía el mensaje opuesto. También lo hace cerrar las puertas a todo un sector del mercado. De hecho, cuando escuché la noticia por primera vez, escribí algunas palabras clave —“Nuevo Mexico”, “hotelero”, “español”— en un motor de búsqueda, pero todo lo que salió fueron referencias a algunos de los competidores de Whitten.
Otros hoteles de Nuevo Mexico están promocionando el hecho de que sus empleados hablan español. Nuevo Mexico atrae muchos viajeros del Viejo México, especialmente entre los ricos. Internamente, el aspecto étnico de interactuar con “Juan” en lugar de “John” probablemente también guste a los que viajan al Sudoeste y desean una experiencia cultural plena.
Whitten obviamente no estaba pensado en esos individuos. Quizás estaba demasiado ocupado pensando en gente como él, a la que le asustan las diferencias culturales.
Esa estrechez de miras puede traerle a uno problemas en Nuevo Mexico, según Laura Gomez, profesora de Derecho de la Universidad de Nuevo Mexico, que también es socióloga.
“Aunque aún hay dominación económica (en Nuevo Mexico)”, me expresó Gomez, “no hay dominación social y política de los anglos. Eso es realmente lo que está por detrás”.
También es significativo para Gomez, que muchos de los empleados despedidos no fueran inmigrantes, sino nativos de Nuevo Mexico, cuyas familias han vivido en el estado durante varias generaciones.
“Son personas que afirmaron sus derechos activamente”, dijo. “Estaban diciendo, ‘No nos van a tratar de esta forma’, lo cual los inmigrantes no siempre pueden darse el lujo de hacer”.
Pero muchos hispanos nacidos en Estados Unidos han tenido, en el curso de los años, el lujo de “pasar” por anglos mediante, digamos, un cambio de nombres. Esa práctica era común hace unas generaciones, y es algo que muchos querrían volver a ver.
Es otro motivo por el que es probable que los hispanos de todo el país no dejen pasar esta historia, ni dejen que Larry se libre de las consecuencias.