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Viernes 20 de Noviembre de 2009 | Ciudad Juárez, Chihuahua, México
Realizan priístas homenaje
póstumo a Etzel Maldonado
Ramón Chaparro
El Diario | 07-11-2009 | 00:24 | Local
Para todo hubo tiempo. Primero el homenaje a Miguel étzel Maldonado.
Gobierno del Estado convocó a primera hora de ayer a la clase política de la entidad para despedir al que hoy consideran como uno de los símbolos del priísmo chihuahuense, asesinado en días pasados en la Ciudad de Chihuahua capital.
El teatro El Paseo resultó insuficiente para albergar a las cerca de mil personas que acudieron para expresar su apoyo a la familia del político parralense.
Cada asiento del paraninfo fue ocupado por un amigo, pero también por hombres y mujeres de enorme influencia política en el estado.
Se veía a funcionarios públicos de todos los niveles de gobierno, así como a diputados, representantes eclesiásticos y aspirantes a la gubernatura y a la alcaldía.
El motivo que reunió a los ahí presentes no fue obstáculo para quienes decidieron aprovechar las luces de la palestra.
La ocasión lo ameritaba. Acudieron a apoyar a la familia de un amigo, pero también a lucir su mejor sonrisa y repartir fuertes abrazos.
Incluso el alcalde con un emotivo discurso, en el que presumió su cercanía con Miguel, como lo llamó, se ganó el aplauso espontáneo de los asistentes, incluido el de sus adversarios políticos, al anunciar que va a proponer a los regidores que una importante calle de la ciudad lleve el nombre de su amigo.
Para todos hubo tiempo.
Helena Alicia González de étzel y sus dos hijas, Lina y Luisa, agradecieron el homenaje, pero también recordaron a las autoridades que su homicidio sigue impune.
Una placa y un libro conmemorativo de su paso por el servicio público fueron entregados por el alcalde a la viuda.
Lina étzel González, con la voz retenida por el llanto, mencionó que han pasado varios días de una pena que llevan en el cuerpo y en el alma.
Recordó a su padre como un hombre que estuvo convencido que los desacuerdos y las desavenencias se arreglan por medio de la concertación y el uso de argumentos racionales.
Ante un atento auditorio resonó el argumento que su hija expresó: esa fue su principal arma para resolver diferencias y convivir entre los distintos o los contrarios.
Sin embargo, fueron argumentos irracionales los que le quitaron la vida.
“No entendemos lo que pasó y lo que es peor nadie nos da una razón del hecho”, expuso.
El agravio no fue a una esposa, a dos hijas, a una familia, no, fue a toda la comunidad chihuahuense, indicó.
Luisa, la mayor de la familia, puso el dedo sobre la llaga al asegurar que la delincuencia no viene de otras galaxias ni surgió por arte de magia, sino que es la propia sociedad la que incuba a estos delincuentes que hoy amenazan, atemorizan, extorsionan y matan.
“Mi papá aportó su sangre y su cuota. ¿Quién sigue ahora? ¿Cuántos más deben morir para que acabe esto?”, cuestionó.
Sin señalar directamente a un culpable dijo que su padre era un hombre que buscaba la convivencia de una sociedad en medio de un estado de derecho, la igualdad de oportunidades y el libre juego democrático, pero esto seguramente ofendió a alguien.
“Hay muertes que deben hacer reaccionar a los vivos y la de mi papá es una de ellas”, enfatizó.
Pese a la pena que afecta a la familia y al dolor que comparten con los amigos, sus reclamos no son de venganza, pues para ellos ese clamor es sólo para bestias y hombres sin escrúpulos. Lo que piden es que esta sociedad reaccione.
“Por el amor de Dios no podemos seguir viviendo en esta selva. No nos deshumanicemos”, concluyó.
La oportunidad para los políticos.
El alcalde encontró la oportunidad para citar a Alberto Cortés: “cuando un amigo se va queda un espacio vacío y empieza el alma a vibrar porque se llena de frío”.
Eso fue lo que sintieron los chihuahuenses, dijo, cuando se enteraron de la muerte de étzel Maldonado.
Ahora, aseguró, Miguel es un mártir de su propia grandeza, porque su calidad profesional y humana, chocaron con el prototipo de destrucción del crimen organizado.
Su alocución pausada, pero firme, dejó impregnado el lugar de un aroma de un político con aspiraciones.
En la primera y segunda fila del Teatro de El Paseo César Duarte y Héctor Murguía respectivamente, tuvieron que conformarse con ser los invitados de lujo, mientras su contrincante al micrófono les robaba protagonismo.
Para todos hubo tiempo.
Concluido el del alcalde, siguió el de Murguía. Con una socarrona sonrisa, como la de un niño travieso se abalanzó con la mano extendida para saludar a Reyes Ferriz.
Con gesto adusto, obligado por las circunstancias, fue claro que a Reyes Ferriz no le quedó otra más que responder con un fuerte apretón de manos.
Siguió el tiempo de Duarte. Todos buscaban sus abrazos.
Al ver que su rival se le adelantaba, Teto no se quiso quedar atrás.
De inmediato comenzó a buscar manos que saludar.
Hasta para un hombre que se dijo un amigo cercano y sincero hubo tiempo. Al final del evento repartía volantes en los que encomiaba a étzel Maldonado y los que firmaba como un priísta con convicción.
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