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Imágenes del reencuentro (Foto: Luis Torres/El Diario)
Misa a favor de migrantes reúne a familia
 
Guadalupe Félix
El Diario |
03-11-2009 | 01:19 | El Paso
 

Ciudad Juárez— Hace seis años Carmen Hernández observó por última vez a su hijo Raúl al tener que quedarse de forma ilegal en El Paso con el fin de que una de sus hijas recibiera un trasplante de riñón.

Ayer, la misa binacional en honor de los migrantes que se celebró en la malla fronteriza entre México y Estados Unidos a la altura de la colonia Anapra, fue el escenario que permitió su reencuentro.

Entre lágrimas y sonrisas, Carmen conoció a sus nietos, uno de un año 9 meses, y el más pequeño de nueve meses.

La mujer, quien está en espera de que su situación migratoria se solucione, intentaba introducir sus dedos lo más que podía a través de la malla divisoria para tocar a sus nietos, a su hijo y a su nuera.

Aunque prácticamente todos los días platican por teléfono, deseaba conocer el rostro de sus nietos y nuera, además de ver a su hijo después de seis años. Ella vive en el centro de El Paso y el joven de 31 años en Juárez Nuevo; aunque las distancias son relativamente cortas, Carmen no puede visitar esta localidad hasta que su situación migratoria se arregle, mientras que él carece de empleo que le permita tramitar su visa láser.

Por lo menos a su segundo hijo lo tuvo a su lado hasta el año pasado, cuando fue deportado por carecer de permiso para vivir en la vecina ciudad, dijo Carmen intentando consolarse. Comentó que se fue a vivir a la vecina ciudad hace 10 años aprovechando su visa de turista, sin embargo hace seis se le venció y eso la obligó a alejarse del resto de sus hijos con tal de ayudar a la más pequeña con su trasplante médico.

Además de sus dos hijos y ahora sus nietos y nuera, lo que  más extraña es la libertad que tenía en Juárez, pues no se siente libre al igual que cualquier inmigrante, dijo.

Para Raúl era muy importante que su madre conociera a sus dos hijos, pues son los primeros nietos de la mujer.

Tratando de contener el llanto, platicó que extraña los domingos en que su mamá preparaba menudo y se reunían todos para desayunar.

Mientras la plática entre ellos se desarrollaba, a escasos metros eran observados por una agente de la Patrulla Fronteriza.

Durante la ceremonia eucarística bilingüe, migrantes que recientemente han sido deportados a esta localidad y algunos otros que contemplan ingresar de forma ilegal al vecino país participaron con las lecturas bíblicas. Ofrecieron ante el altar una mochila, un par de huaraches, agua y alimentos debido a que son los artículos que se vuelven imprescindibles para vivir en su intento por ingresar a los Estados Unidos.


Seguirán apoyando a los necesitados

El obispo de Las Cruces indicó que los prelados seguirán comprometidos con los migrantes y lucharán para crear nuevas leyes de migración que los ayuden. Por tal motivo seguirán ofreciéndoles servicios de legalización y ciudadanía en un ambiente de hospitalidad: “sepan que los que vienen a nosotros no los vamos a rechazar, les vamos a dar de comer, les daremos ropa y aseguramos que tendrán todo para sobrevivir, pues somos hermanos y hermanas, somos una familia… ustedes harían lo mismo por nosotros”, dijo.

“Estamos muy conscientes de que somos una Iglesia en América, que caminamos juntos en la esperanza, hay más de lo que nos une que de lo que nos separa”, agregó. Lo que no desea Cristo es ver asesinatos, leyes injustas o que sufran los migrantes, manifestó.

Al momento de las invocaciones, los presentes pidieron para que los gobiernos de ambos países terminen con las discriminaciones y para que todos luchen a favor de los migrantes.


 
 
 
 
 
 
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