Distrito Federal— La comida familiar que hasta hace algunos años prevalecía en la cultura mexicana se ha ido desplazando por los ritmos de vida acelerados, las ocupaciones y las distancias que no siempre permiten que al mediodía coincidan padres e hijos en torno a la mesa.
Sin embargo, esa convivencia busca ser rescatada los fines de semana, cuando los abuelos, los padres y los tíos se actualizan sobre la vida de los miembros de la familia, sobre todo los más jóvenes, en las comidas de los domingos, alrededor de preparaciones sencillas, pero sazonadas con el calor de hogar.
“Las comidas familiares son un canal para mantener la comunicación abierta, porque cuando comes se habla de muchas cosas, interactúas con los jóvenes, los adultos, los niños y los esposos, y esto te acerca a saber qué pasa con tu familia y estar en el mismo canal”, indica óscar Falcón, especialista en psicoterapia,.
Sin embargo, para que la convivencia alrededor de una comida sea placentera para todos hay que cuidar que no sean obligadas ni impongan comportamientos, sino que, por el contrario, sean encuentros con una dinámica flexible.
“La misma intimidad puede ser un caos si se pierde la armonía, el sentido y se inician con los conflictos”.
La responsabilidad de la comida, por cierto, deberá ser asignada a los diferentes miembros de la familia, para que no se convierta en una carga sólo para una casa o una persona.
Todo en familia
Las recetas sencillas y prácticas de servir son útiles, aparte de que, para no comprometer una hora en particular de quienes asistirán a la reunión, y si es sólo un domingo de descanso en casa, cada quien podrá servirse a la hora que decida levantarse, añade la instructora de cocina Leticia Pérez de Margáin.
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